LO QUE EL FESTIVAL DEL SALAME NOS DEJÓ

El éxito rotundo de la fiesta del salame ya es un hecho. Con más de 40 mil visitantes, tanto participantes como asistentes, acordaron en los excelentes niveles de ventas y organización, así como expresaron su conformidad y alegría de poder disfrutar del predio arbolado del Parque junto la estrella del evento: el salame quintero mercedino.

 

En las puertas del Parque no pararon de atravesar grupos de amigos, familias, parejas, locales y de vecinos de otras ciudades. Algunos, desde temprano, eligieron traerse sus reposeras y equipo de mate, otro infaltable en una jornada de descanso y fiesta argentina. Hubo quienes eligieron llegar por la tarde o a disfrutar de la caída del sol con una cerveza tirada, o un jugo, pochoclos, panchos, papas, choripán, sanguche de bondiola, empanadas o alguna de las opciones que las carpas de los clubes ofrecían. Más tarde o más temprano, ninguno quiso perderse el salame quintero mercedino.

Cristian, acompañado por su familia, es de Villa del Parque y cuenta que para ellos es una visita obligada cada año: “el año pasado estuvo complicado. Pero nos encanta”. Si de complicaciones alguien puede saber son los propios trabajadores del municipio: luego de más de un año y medio sin poder organizar los típicos eventos a los que estamos acostumbrados, con un 2020 repleto de despedidas y el extrañar del encuentro, desde la gobernación local decidieron lanzarse a organizar este festival en menos de dos meses. Con los números de contagios en niveles mínimos y un plan de vacunación con un gran porcentaje de aplicación, el riesgo valía la pena.

Tras la decisión del intendente, prácticamente todas las áreas del Gobierno se pusieron manos a la obra para poder llegar en tiempo récord a ofrecer un festival en primavera y así, generar lo que sucedió: dos días de encontrarse y celebrar. Lucía Capaccio cuenta a Radio Meridiano, “no sabía cómo iba a responder la gente porque la verdad es que es un antes y un después con la pandemia, pero vemos que es necesario este espacio y también además la gente cuidándose mucho”.

Con la arboleda del parque como trasfondo y refugio, los artesanos y artistas locales también celebran el evento: para muchos fue su primer gran posibilidad de venta después de mucho tiempo. Con el escenario ubicado en diagonal, con el Río Luján de fondo y los diferentes puestos a su alrededor, generando un círculo de encuentros e intercambios con el pueblo, familias y amigos se disponen a descansar y absorber la energía del sol que tanto queremos. Como Gabriela, que llegó de Merlo y junto a parejas amigas suman una decena que disfrutan de una cremona y pan de campos recién comprado dentro de las fronteras mercedinas. O como otro grupo que llegó a las 9:45 directo de Gran Bourg para que a las 10:20 de la mañana ya estén entrenando su paladar a pura picada: “Es lo mejor que hay, lo mejor. Estábamos esperando esto hace dos años”. Otros de Navarro, también eligieron “optimizar el tiempo”, “llegamos bien tempranito” cuenta el visitante. Los locales, atentos y cancheros en el agolpe de personas que podría haber más tarde eligen también asegurarse su porción de salame: “Compré dos”. Poco para el día, pero como buen mercedino sabe que podrá tener más al siguiente.

Mínimo, trescientos kilos de alegría

Más de trescientos kilos de salame fue lo que vendió Hugo Dipieri, productor histórico local. Un número mínimo en comparación al total entre los productores durante ambos días, número que llegará en el transcurso de la semana y con la emoción del éxito más calma. “Yo no creía en esto. Ni creía que iba a venir gente. Se animaron y yo no quería venir, tampoco acá (por el predio nuevo) y mi hijo me dio una mano y bueno y salió redondo”, cuenta Dipieri mientras repite una y otra vez, “todo, todo, todo parejo se vendió”.

El arte musical y las danzas folklóricas fueron la otra gran cara del evento: con un escenario de 14 metros de frente y un sonido impecable, tanto músicos como público pudieron volver a disfrutar de los acordes de folklore, tango y rock así como de los diferentes grupos de danzas locales. Todos acompañados desde abajo, con bailes y aplausos que subieron y bajaron durante todo el día.

“El Patota Aschero vino a agradecerme con lágrimas en los ojos por esto”, cuenta Capaccio. Mientras tanto, Ezequiel Iglesias, cantante y líder de la banda Mamá Bora, dice: “estamos realmente muy contentos. Además de poder estar, encontrarnos y compartir escenario con amigos”. José Lopez Lástrico y Rodrigo Heredia, integrantes de Los Lopez Heredia, también celebran tanto la calidad en la producción del evento como el encuentro en sí: “Ya probamos sonido, todo impecable. Muy pero muy contentos, sinceramente”. Rulo Godar, voz y líder de Rulo Godar y Nación Whipala comentó que “es una alegría gigante poder volver a cantar y sentirnos cerca otra vez. Hay que valorarlo”, reflexionó.

Claro que el cierre de la apuesta tenía que ser con todo para estar a la altura: la banda Bersuit Vergarabat, argentina si las hay, fue la encargada de ponerle un moño a dos días que, a juzgar por los comentarios y vivencias, marcará un hito en la historia de las fiestas del Salame. Con un público que combinó varias generaciones, la banda que allá por 1992 abrió el primer Mercedes Rock, esta vez cerró este festival que, con dos días, logró acercarnos para volver a celebrar y demostrar, una vez más, que el Salame Quintero Mercedino despierta pasiones.