Gratificante paso de Pompeyo Audivert por la ciudad

El actor, director, dramaturgo y docente de teatro dictó un seminario muy convocante y presentó su obra “Habitación Macbeth” en la Sala A del Argentino.

 

En el marco de la celebración por los 60 años del Teatro Talía, el artista llegó a Mercedes esta semana y se declaró sorprendido por la bella arquitectónica del casco urbano y la calidad de los actores y actrices locales. “Tuvimos dos encuentros muy hermosos con gente de mucho nivel, con formación. Tal vez acá tienen un trabajo más concentrado que en las grandes ciudades, donde hay mucha disipación, la gente empieza a circular por muchos lugares y no termina de concentrarse en una sola investigación. Yo en cambio creo más en los teatros que afirman una línea de trabajo que se sostiene en el tiempo”, confesó al aire de Meridiano.

En opinión de Audivert el teatro “es un momento de celebración y también un ritual. Es realmente un arte muy singular el nuestro, que es un arte vivo, que necesita del público, que sucede en ese momento y del que no queda un registro. No es una pintura o una música. Es efímero, y esa también es su gracia. Debe ser un momento de plenitud, no puede haber en él burocracia o aburrimiento. El teatro es un lugar donde reflexionar sobre quiénes somos pero a otra escala, no en la cotidiana”, postuló el actor.

Respecto del seminario que llevó adelante mencionó que “hay una técnica que yo explico muy detalladamente en mi libro El piedrazo en el espejo. Teatro de la fuerza ausente, que es de algún modo lo que vine a transmitir a los teatristas de Mercedes. Son trabajos muy simples pero que llevan a una mirada honda sobre el fenómeno de la escena”.

En cuanto a “Habitación Macbeth” sostuvo que el proceso de la obra se inició con la cuarentena. “Antes de que se cierre todo me escapé a Mar del Sur, donde tengo una casita en un paisaje de campo y mar, un lugar desolado al que quiero mucho desde mi infancia. Enseguida entendí que pasaríamos mucho tiempo así y que mi cuerpo era el único lugar de teatralidad que me quedaba. No estaba el público, no estaba el escenario, y eso me produjo una angustia muy fuerte. Cuando comprendí que había quedado reducido a mi físico como espacio de teatralidad avancé en una vieja fantasía que tenía de reunir en un solo cuerpo todos los personajes de una obra. Y en eso me puse a trabajar. La adaptación me ocupó unos tres meses. Memoricé la obra en largas caminatas por el campo y la playa. Cuando volví a Buenos Aires me junté con el músico Claudio Peña, la ensayamos, la monté en el Centro Cultural de la Cooperación y ahí la estrenamos”.

“Si no hubiese estado la pandemia -añadió- quizás no me hubiera animado a hacerla. Es como volver a un teatro prehistórico, con un cuerpo habitado por fuerzas internas, un cuerpo que es poseído, como el del propio Macbeth en la obra. Este teatro, el independiente, es el que a mí más me representa, el teatro hecho por los artistas”, remató el reciente merecedor del Diploma al Mérito de la Fundación Konex como uno de los cinco mejores directores teatrales de la última década.