Adrián Manazzi, otra vez campeón de la Fiesta Provincial de la Galleta de Campo

El maestro panadero de La Espiga de Oro ya había resultado primero en otras dos ediciones. El secreto, dijo, está en la calidad de la materia prima y la fuerza del amasado.

 

Manazzi fue uno de los seis concursantes que pusieron a consideración del jurado dos galletas cada uno. “Para mí la galleta de campo tiene que estar tostadita, pero bueno, el gusto de la gente ha cambiado mucho”, comentó al aire de Radio Meridiano. Heredó la profesión de panadero de su padre, el histórico dueño de La Espiga de Oro, quien falleció hace 26 años con apenas 51 de edad. “Yo ya llevo 40 años de panadero”, dijo quien sigue al frente del negocio familiar ubicado en calle 12 entre 39 y 41.

Radicado en la zona de Agote, Manazzi llevó a la celebración en Tomás Jofré su “pan casero, tortas de chicharrón, empanadas de hojaldre”, y por supuesto las famosas galletas de campo. Sólo el domingo cocinó 300 unidades, y las vendió todas.

Trabaja con harina OOO y con productos de primera línea, en los cuales cree que reside el secreto del sabor, junto con la cocción en horno de leña. “Los viejos panaderos trabajaban 50 bolsas diarias de harina, de 70 kilos cada una”, recordó sobre los maestros que siendo muy joven le enseñaron el abece de la profesión.

Y sobre el origen del producto recordó que “no es que este tipo de galleta se cocinaba en el campo sino que se hacía en la ciudad para llevarla al campo. Se iba hasta allá quizás dos veces por semana, entonces tenía que ser un pan que dure mucho tiempo sin ponerse duro”, explicó. ¿Por qué es que se abre al medio cuando la cocinan?, le preguntaron. “Por el calor -respondió-, y depende también de la fuerza del amasado”.