Una mañana especial visitando el campanario de la Basílica Catedral

La unidad móvil de exteriores de Radio Meridiano acompañó el recambio de algunos de los vidrios de la torre, a la que se accede recorriendo 157 escalones de madera.

 

El vecino Torino Avila fue el encargado de reemplazar dos de los vidrios rotos, en un intento por evitar que sigan ingresando el agua y las palomas. Sin embargo, al llegar a lo alto se llevó una desagradable sorpresa: a un mes de haber realizado una revisión ocular para tomar la medida de los espacios a cubrir, ya hay otros cuatro vidrios dañados.

“Es increíble la suciedad que hay acá a causa de las palomas”, lamentó el cronista Juan Carlos Schifini desde lo alto. “Pero la vista aérea es muy interesante”, matizó. Avila conoce la torre en profundidad porque, dijo, “durante muchos años le di cuerda al reloj”, que ahora no funciona. El corazón de esa joya se encuentra ubicado dentro de un mueble de unos dos metros de ancho por uno de alto. “Lo arreglaba el relojero Díaz, el padre de Cuchuflito, de la relojería Merialdo, ubicada en la recova”, recordó Avila.

Durante el ascenso Schifini pudo divisar cuatro campanas de gran tamaño y otras dos más pequeñas. En todos los casos, la suciedad provocada por las palomas ha afectado los bienes. Se trata de un templo más que centenario, inaugurado en 1921, y demanda tareas de limpieza y mantenimiento que son urgentes. Una torre en buenas condiciones y con posibilidades de ser visitada sería un gran atractivo para los turistas.