Marzo atípico: a pesar del calor y la sequía hay menos incendios
La cantidad de salidas diarias de las Bomberos Voluntarios bajó de las casi diez que se producían en enero y febrero, a dos o tres en los últimos días.
“Es algo raro para estas temperaturas y para la falta de agua que estamos teniendo”, reconoció el segundo jefe del Cuerpo Activo de Bomberos mercedinos, Alejandro Mazza. No obstante, lamentó que “la gente sigue haciendo quemas” que terminan descontrolándose. “La semana pasada alguien encendió fuego junto a unos eucaliptus enormes y quemó casi ocho hectáreas de monte; ocho horas seguidas tuvimos que trabajar”, mencionó. “A como está hoy la cosa es imposible hacer quemas”.
Mazza conversó con Radio Meridiano a raíz de la presencia en los estudios de la emisora de la vecina Jorgelina García, que el fin de semana sufrió el incendio de una parte de su vivienda, en calle 61 bis entre 168 y 176, y se acercó a los micrófonos para agradecer la ayuda prestada por los bomberos.
“Eran las tres de la tarde, más o menos, cuando empecé a sentir el crepitar de las cañas y algunas explosiones menores, pero pensé que era el vecino. Fue mi marido el que se dio cuenta que el fuego estaba en nuestro galpón”, ubicado a unos ocho metros de la casa familiar.
Funcionaba allí un taller de artesanías en metal, cuero y herrería, de unos 25 años de antigüedad. Las llamas alcanzaron enseguida “un manzano gigante y unos ligustros” a raíz del viento, “y temí que pasaran a la quinta del vecino”, contó la mujer. Comenzaron a explotar tubos de oxígeno y los vecinos llamaron a los bomberos, que respondieron muy rápidamente.
“Es un momento difícil el que se vive porque te sentís muy impotente. Recién cuando llegaron los bomberos me calmé un poco y me quedé mirando su trabajo” contó Jorgelina. Según Mazza, ya la primera dotación que arribó al lugar -a cargo de Pablo Marconi- observó la envergadura del siniestro y solicitó apoyo. En total trabajaron tres dotaciones, durante una hora y media aproximadamente.
El origen del incendio puede haber sido un desperfecto eléctrico o el efecto de las altas temperaturas sobre el terreno seco. “Mi marido perdió trabajos y herramientas, pero no es algo que no se pueda recuperar”, dijo la vecina. “Testimonios como este son un mimo para nuestra gente”, le agradeció Mazza. “En el 90 por ciento de los casos a los bomberos no nos tratan bien. La gente no comprende que tenemos un tiempo de respuesta ante un llamado. Al ser voluntarios yo tengo que lanzar el alerta y esperar a que la gente llegue. Recién en siete u ocho minutos estoy en condiciones de sacar un camión a la calle, que dentro del partido llega en un máximo de diez a doce minutos al lugar de la emergencia”, detalló.
