“Estando en la calle no molesto a nadie”, dice el hombre que duerme en Plaza San Luis
Juan Manuel Olivera tiene 42 años, en oriundo de Merlo y dice haber conocido Mercedes viajando en el tren Sarmiento. “Equivocaciones de la vida”, confiesa, lo empujaron a vivir en situación de calle.
El alcohol y las drogas, adicciones de las que dice haberse recuperado, lo colocaron en una posición crítica en lo económico, familiar y social. “Estuve en tratamiento en San Francisco de Asís con el Padre Hernán y con el Padre José, de Cristo Rey. Ellos me ayudaron mucho y me dieron la oportunidad de trabajar como acompañante de otros pibes que se chocan contra una pared”, contó Juan en una visita a los estudios de Radio Meridiano.
“Yo consumía mucho. Tuve mi casa, mi trabajo, pero perdí todo. Viví con ellos durante el tratamiento, pero ya no. Tengo mis valores, mis respetos, me crié así. Junté fuerzas de lo que enseñaron mi mamá y mi papá, y pensé que tengo que usarlas ahora, que es cuando más las necesito. Yo, estando en la calle, no molesto a nadie”, señaló.
Considera que Mercedes es una ciudad amigable para las personas en su situación. “Sinceramente, estoy agradecido, contento de haber conocido gente mayor que entiende los valores, que defiende el valor de la palabra”. Se define como un ser solitario, “que no busca juntas ni nada. Donde veo algo raro ya me voy de ese lugar”.
En Plaza San Luis “encontré mi lugarcito en un arbusto, que me da la tranquilidad y la paz que necesito para descansar”. Se muestra agradecido con la gente que lo ayuda. “A veces paso a buscar alimentos por los comercios, y otras veces la volqueteo. Es mucha la gente que tira comida bien hecha a la basura y no se da cuenta de que uno necesita eso que a ellos no les sirve”.
“Respeto y valores” repite como un mantra de su rutina en la calle. “Hoy me emprolijé y me bañé para venir acá”, confesó sentado en el estudio de Meridiano. El equipo que conduce Lucía Florella había tratado de encontrarlo la semana pasada al enterarse de que dormía a la intemperie. Alguien le avisó que lo buscaban y Juan Manuel se acercó a la emisora.
Su día transcurre entre el sosiego de vivir entre plantas y árboles, y las changuitas que le van surgiendo. “Hago algunas cosas de electricidad; también sé de construcción. Podría hacer una casa desde cero incluso. Sé hacer los planos, todo. Desde los nueve años trabajé en la construcción con mi padre. Con eso me defendí siempre”.
No tiene un teléfono celular, por lo cual quienes puedan ayudarlo deberán buscarlo en el arbusto de Plaza San Luis al que llama “mi casa”. Dice que ahí tiene su manta, sus “cositas; nunca me robaron nada. Estuve en la terminal, donde hay más resguardo, pero empezó a llegar gente que no comparte mi respeto y mis valores, entonces, como soy enemigo de los problemas, me fui. Era pleno invierno y le pedí ayuda a un Padre para pasar el frío. Yo estaba con neumonía. Hoy estoy acá”.
Sobre la ayuda alimentaria que brinda la Brigada Solidaria que recorre Mercedes desde hace tiempo contó que sabe “dónde encontralos. Siento amor por esa gente, siempre agradecido. Comida no me falta”.
