MÁS QUE UN CLUB

Por Fabián Florella

Hay ciertas  palabras que por su peso específico, simbólico, son absolutamente despreciadas y demonizadas por los círculos reaccionarios. Militancia, solidaridad, igualdad, resistencia, colectivismo, ideología, movilización, lucha son, entre tantas otras, palabras que describen ideales, sueños, participación o equidad y que provocan urticarias en las sensibles dermis conservadoras.

Los partidos populares en general y el peronismo en especial están hechos de esas y de muchas otras que expresan ideas y acciones  proyectadas a la concreción de una sociedad más justa, de un país grande, federal, soberano; sin hambre y sin dolor.

La militancia es el orgullo de los partidos populares y democráticos. El peronismo tiene incluida entre sus fechas más caras y como homenaje a lo que fue la más grande concentración popular de la historia nacional, el día del militante. La palabra militancia huele mal en los finos hocicos elitistas, suena desafiante a los elegantes oídos del poder.

La militancia es ideas, compromiso, formación; es dar y hacer. Es el sello identitario de la construcción colectiva. Es el orgullo más grande de cualquier dirigente popular. Y es precisamente la cualidad más ponderada de nuestros jóvenes gobernantes mercedinos. Son lo que hacen y lo que sienten. La presencia permanente en el territorio, el oído atento, la mano abierta, el hombro donde hace falta. Pueden mostrar a la sociedad su pasado tanto como su inquieta y productiva gestión gubernamental.

Resultará tal vez por eso tan doloroso que otros jóvenes, con improbable talento por cierto, seguramente con más horas invertidas en la construcción de eslóganes y falsos demonios que en dirigir su mirada al otro, al necesitado, pretendan, remedando malamente a los peores arlequines nacionales, enlodar y confundir. No constituye  acción política ni construcción republicana agraviar, mentir, tergiversar, invalidar. No vale todo. No valía todo hasta hace muy poco. No en Mercedes al menos.

Dice mucho de un proyecto lo que él dice de los clubes, de las entidades sociales o deportivas sin fines de lucro. Dicen mucho de los clubes de una ciudad quienes lo conocen, quienes saben de su capacidad formativa en los niños y niñas de la comunidad, del lugar que le otorgan, no solo para hacer deportes en una sociedad pauperizada pero con sus actividades plenamente mercantilizadas, sino para pertenecer, para ser y crecer; para soñar y relacionarse; para recibir y dar.

Han sido los clubes tradicionalmente los que han puesto sus instalaciones al servicio de catástrofes e inundaciones, de todas las acciones solidarias que genera una comunidad solidaria como la nuestra. Y han sido los que prestaron y prestan incondicionalmente sus instalaciones para cualquier evento que signifique un socorro, un alivio, una ayuda. También nos han dado una muestra de ello en los inicios de esta letal pandemia.

Dice mucho de un proyecto lo que él dice de los clubes. El macrismo nunca reglamentó la  Ley Nacional 27.098 de Promoción de Clubes de Barrio y de Pueblos, promulgada en enero del 15 luego de que fuera votada en forma unánime por ambas Cámaras del Congreso de la Nación y los dejó al borde del colapso con sus célebres tarifazos. Sin embargo el ex presidente fue y es un fiel impulsor de las Sociedades Anónimas Deportivas, que es ni más ni menos que poner un capital social acumulado por años y generaciones de sacrificados dirigentes y vecinos en manos del capital rentístico y financiero para que hagan sus negocios y se enriquezcan.

Bienvenidos los proyectos que incluyen a los clubes de la ciudad con ayudas, subsidios, apoyo institucional y político. Allí está el capital humano, social y cultural de la ciudad. Ojalá lo entiendan todos. Ojalá podamos volver a pensar una ciudad mejor debatiendo ideas.