DE GOLPE

Por Fabián Florella

 

Hoy no hay clases dijo nuestra madre cuando despertamos; pero no se puede salir a la calle, está prohibido, agregó inmediatamente. Vino luego una breve explicación de un golpe militar y un cambio de gobierno.Y lo que para mis cinco hermanos fue un pedido, un aviso y una orden, para el niño de once años que era yo en aquel entonces, fue una invitación a hacerlo.

​Y allí fui inmediatamente, ni bien me pude escabullir de esa casa aún sin llaves, a la Plaza San Luis, a la esquina de mi casa. Era una mañana de otoño, de un sol tibio que recuerdo tanto como el pesado silencio de las calles, las persianas bajas y la sensación de que no era un día cualquiera.

​Volví asustado, con la sensación de haber cometido un acto que podía ser severamente sancionado y me senté frente al televisor donde comenzaron a aparecer, precedidas de acordes marciales, lo que hoy sé que se llaman placas televisivas, con comunicados numerados en forma ascendente, leídos por una voz firme y grave, en los que cada tanto se iban sucediendo frases y palabras que nunca había escuchado -“control operacional”, “población civil”- mezcladas con otras que hablaban de orden y de valores occidentales y cristianos.

​Así empezó el que es, para mí, el día más triste de la Historia de Nuestra Nación y al que solo comparo, no tal vez en importancia sino en tristeza, con el domingo gris en que, volviendo de la Liga Mercedina de Fútbol caminando con mi padre, nos enteramos de que había comenzado la guerra en las Islas Malvinas.

​Así empezó, hace 50 años, un camino de dolor. Un dolor que fue creciendo y multiplicándose exponencialmente a medida que comenzaron a develarse el horror y la crueldad; los crímenes inimaginables que nos laceraban con solo nombrarlos.

​Hasta que una vez volvimos a votar. Y lo que fuimos allí a elegir fue menos un partido político que la vida democrática. Votamos con la esperanza de que jamás se vuelva a interrumpir la vigencia de la Constitución, de los derechos, de las garantías, de la libertad. Votamos con las heridas abiertas, con el corazón hecho un trapo. Y con miedo. Porque aún teníamos miedo. Miedo al terror del pasado y miedo a no poder sostener los frágiles cimientos de la recuperada institucionalidad.

​Y llego un momento en que lloramos mucho. Lloramos sobre todo con las historias del horror. Lloramos con el Nunca Más, con el Juicio a las Juntas; con La Noche de los Lápices y La Historia Oficial. Y llorábamos todos, los grandes y los jóvenes, los radicales y los peronistas. Y nos abrazábamos, y decíamos que nunca másiban a volver. Y juntos fuimos a la Plaza de Mayo en abril del 85, cuando las presiones políticas y económicas amenazaban la incipiente democracia; como juntas estuvieron todas las fuerzas políticas en los alzamientos militares y en aquellas Pascuas del 87.

​Así de esperanzador era el futuro y, a pesar de que la economía nos acorralaba, no dejábamos de andar todos juntos ese camino.

​Sin embargo, extrañamente -o tal vez no tanto- a cincuenta años de la tragedia más grande de la Argentina, muchos de aquellos que lloraron y marcharon a nuestro lado, se niegan a mantener viva la Memoria, la Verdad y la Justicia.

​¿Qué les pasó? ¿Cuándo abandonaron los ideales del humanismo, de la civilización, de la justicia? ¿Cuándo se olvidaron de que nuestra democracia es hija de aquel dolor?

​¿Cuándo fue que dejaron de llorar y se fueron a sentar del lado de los verdugos? ¿Cómo fue que les pasó eso a algunos de nuestros concejales, vecinos de una ciudad que tiene 23 personas detenidas-desaparecidas y muchísimas víctimas de aquel infierno?

​¿Cuándo dejaron de avergonzarse y al hablar de las víctimas decir que no fueron 30 mil?  ¿Cuándo llegaron tal vez a pensar que ya no es necesario recordar y condenar o, peor, que no les correspondía a ellos hacerlo?

​La Memoria, la Verdad y la Justicia, al igual que el Nunca Más, son patrimonio del Pueblo Argentino. Recordar y condenar esa parte de la Historia, a la que no queremos volver, es una acción profundamente política -sin dudas- pero no es partidaria, ni es declamatoria, ni estampoco progresismo vacío.

​Por el contrario, es imprescindible, necesario, humano, histórico, justo y universal. Es un acto de defensa de la dignidad, un acto de amor por la democracia recuperada y de profundo rechazo a los peores delitos cometidos por la humanidad. No hay Patria sin memoria, verdad y justicia; sin un completo y total repudio al terrorismo de estado, sin enfatizar que fue una dictadura cívico-militar- eclesiástica. No hay Patria sin condena al horror.

LAS DIMENSIONES DE UN CRACK

​Por Fabián Florella

 

 

Soy maradoniano de la única manera que se puede serlo y que es la que no hace falta explicar, aun cuando lo que siga parezcan puras explicaciones.

Soy maradoniano desde el principio porque disfruté de la genialidad de Diego; pero también lo soy porque disfruté de su amor.

Fui maradoniano en la victoria y lo fui y lo soy aún más en la derrota, porque también hay un modo de perder maradoniano al que suscribo sin reparos.

Perder maradonianamente es, antes que nada, perder la tibieza.

Perder maradonianamente es perder contra los poderosos y, siempre, perder contra la vida. Perderse en la falopa y el alcohol, como tantas veces se pierde siendo perdedor, y pobre, que casi siempre es lo mismo.

Perder maradonianamente es perder del lado del sur pobre y de los jubilados; del lado de los locos, de los outsiders, de los perseguidos, de los laburantes; perder del lado de los perdedores. Perderlo todo, tantas veces, pero del lado de los que uno quiere y de los que te quieren; de los que también preferimos, si hay que perder, perder del lado de Diego; poner las manos en el fuego por Diego y -como él- a riesgo de quemarnos. Porque las manos en el fuego cuando no hay ningún peligro las pone cualquiera.

Diego eligió perderse y perder así. De ese lado, mostrando las heridas; exhibiendo su humanidad y el tobillo como una naranja; pero jamás sacando el cuerpo.

Soy maradoniano porque prefirió el puro con Fidel al brindis con Bush. Y porque sentarse en la mesa de Havelange, en el living de Berlusconi, debería haber sido infinitamente más cómodo que clavarse un sartenazo en una cueva de Nápoles.

Soy maradoniano porque su lucha es mi lucha, Víctor Hugo.

Soy maradoniano porque Diego me emocionó y me emociona. Me emocionan sus virtudes y sus errores. Y si, yo también viviría como él.

Los ídolos y los próceres tienen categorías, tal vez subjetivas y caprichosas, con matices y bordes más o menos definidos que van desde lo intocable a lo terrenal parando en todas las estaciones.

Los monstruos y los asesinos también tienen categorías. De loquito suelto a loco peligroso, de asesino múltiple a genocida.

Cualquiera puede encontrarse con un monstruo o un asesino de cualquier pelaje y darle la mano. Dirá luego que el contexto, que el protocolo; que las obligaciones y los compromisos contractuales. O no dirá nada.

​​Nada dirán tampoco los que tanto insistieron con aquello de que debía separarse el jugador de la persona, los que tanto machacaron en contrastar al fenómeno futbolístico incuestionable con el ser humano reprochable. Finalmente tuvieron razón.

La vida breve

Por Fabián Florella

La muerte duele, vaya Perogrullo. Pero la muerte violenta espanta. La muerte de un niño no solo duele y espanta, consterna. Duele hasta la locura a sus padres y a toda su gente, duele a la memoria colectiva martillándole como una alarma pétrea.

La muerte absurda de un niño en una fiesta popular es un dolor infinito.

La muerte de Braian es un dolor definitivo para los que amamos las fiestas populares, para quienes celebramos a las multitudes celebrando.

La muerte de Braian duele tanto como para dejar a un lado el corso y sus festejos y solo pensar en su familia y en su vida breve.

La muerte de Braian duele también a quienes amamos el carnaval; a quienes lo reivindicamos, con sus tensiones y sus desenfrenos, como breve liberación carnestolenda de la andanada de opresiones e injusticias que tantos y tantos viven y que tienen esos cuatro días únicos de desconexión sideral en una vida de esfuerzo, bolsillos flacos y cabeza gacha.

Duele con específico dolor a quienes el bien común nos resulta un objetivo innegociable, a quienes entendemos la vida comunitaria como una interacción permanente y necesaria, a quienes revindicamos los encuentros y los abrazos; a quienes preferimos los desfiles de carrozas, comparsas y murgas por sobre los desfiles militares.

Duele a los que sabemos que ya nada será igual a partir de ahora.

Duele porque imaginamos a otros, a los que el dolor les libera los sentimientos que apenas disimulan en público (por ahora), clamando por la guetificación de los carnavales o por la privatización del festejo. Allí estarán, más temprano que tarde, pidiendo por la cancelación de las fiestas populares o exigiendo que las lleven bien lejos, al Parque, al barrio “de ellos”; implorando porque se haga realidad su sueño un día cumplido por una sangrienta dictadura que, para más pena y dolor, si hiciera falta, eliminó el feriado de carnaval; recuperado por un gobierno popular que nos devolvió la memoria y la alegría.

La Vida Breve es una magnífica novela de Juan Carlos Onetti a la que no le es ajena el carnaval ni la muerte. Fue publicada en el año 1950, época de grandes cambios políticos y sociales en Latinoamérica, y es parte una otrora incipiente corriente literaria marcada por la búsqueda de la identidad nacional y de un estilo propio como respuesta a un mundo que comenzaba a globalizarse.

Cuenta la vida de un hombre solitario y desesperado que busca el sentido de su existencia en un mundo que parece haber perdido todo significado; una reflexión sobre la condición humana y la búsqueda de la identidad en un contexto mundial ya complejo y atomizado.

Todo ese contexto de perenne actualidad que nos rodea, que rodeaba la vida breve de Braian; así como paradójicamente explica la breve vida del carnaval como ritual pagano de liberación y sublimación.

El carnaval y los corsos, los juegos de agua y de nieve, siempre han tenido episodios de tensión. La propia esencia del carnaval ha contribuido a un desenfreno que en muchos casos se expresa con violencia. Esta vez la violencia fue demasiado grande y demasiado absurda, como grande y absurda, aunque no definitiva, afortunadamente, es la violencia que se ejerce desde arriba hacia los de abajo. Violencia de humillación y desesperanza. Violencia de falta de trabajo y sueldos magros. Violencia de jornadas laborales inagotables y platos vacíos. Violencia generada por la mentira y el cinismo. La violencia brutal de los ganadores para con los perdedores.

La violencia que debemos desterrar como comunidad poniendo los méritos colectivos por sobre los individuales; bregando para lograr definitivamente que el éxito individual sea visto como lo que es, parte de un proceso colectivo impulsado en gran parte por las políticas públicas que hoy nos escamotean.

Es preciso trabajar para descorrer el velo meritocrático, para que se comprenda que no es cierto que los que menos tienen han fracasado o no se han esforzado lo suficiente. Y para conseguir que los que han obtenido algún éxito agradezcan a la sociedad y expresen ese agradecimiento acompañando las políticas sociales como una forma de devolución al esfuerzo colectivo que les permitió ese bienestar.

No es momento hoy de centrar el debate y discutir -con quienes nada quieren discutir- si las celebraciones populares deben acotarse, limitarse o suspenderse.

Estamos inmersos en la profunda consternación de la violenta muerte infantil y se impone acompañar como sociedad a la familia de Braian, a su dolor y a sus necesidades.

Pero cuando llegue el momento deberemos estar todos juntos para que ni siquiera imaginen aquellos que hoy exhiben calculado espanto que pueden venir por más; para defender las ideas que propicien el encuentro de toda la sociedad en lugares comunes, para que la calle sea de todos, para que el ruido de las celebraciones se imponga sobre los silencios de oficina; para que volvamos a compartir los espacios públicos, los clubes, las escuelas; para ser una sola sociedad, íntegra e integrada. Una comunidad organizada en torno de bien común.

EL MARISCAL

Por Fabián Florella

 

La elección de los candidatos de lo que fue por unas horas la lista de unidad de Unión por la Patria dejó descontento y desazón en el pueblo y también, sobre todo, en nuestra ciudad; aunque la noticia dio lugar -una vez más- para las incalificables mofas de los predicadores del odio hacia el precandidato que no fue, materializados en memes y otros formatos del mundo “troll”.

Finalmente hubo quienes, además de la frustración propia, sumaron a su sentimiento el dolor y la tristeza que, descartaban, podía embargar al fallido candidato.

Mas no hace falta ser confidente ni revistar en su círculo íntimo para poder afirmar que no hay dolor alguno, como tampoco hay tristeza o frustración posibles para quien siempre antepuso los intereses colectivos por sobre los individuales. Proyecto, militancia y lucha están por encima de ambiciones personales y cargos públicos, por notorios e importantes que estos sean. Solo basta con escucharlo y, lo más importante, verlo en acción.

El dirigente, el funcionario público, el hombre de leyes, nunca dejó de ser el militante que es, desde el primer momento en que abrazó la lucha sindical o de derechos humanos, y más adelante la política partidaria, el objetivo estuvo por encima de todo.  

Estaré donde me necesiten, donde pueda serle útil almovimiento y a la Patria, suele decir. Y ahí está, con su sonrisa, otra vez trabajando y en contacto con el Pueblo. En los festejos por los 271 años de su/nuestra amada Mercedes, con las mismas ganas, con la misma fuerza y la misma convicción con la que ayer entraba a la Casa Rosada haciéndole un guiño a la historia como máximo exponente de  los hijos de la generación diezmada, aquellos que el genocidio de la dictadura cívico militar quiso cegar, pretendiendo que sus ideales y sus sueños se acababan con el fin de sus generosas vidas.

Los que creemos fervientemente en la política como vehículo de transformación de la sociedad y de la Patria hacia horizontes más justos, soberanos, inclusivos, y en libertad, usamos el neologismo “cuadrazo” para condecorar a los mejores. Quien realmente ama el ejercicio de la política no debe sentir orgullo más grande que el que se siente cuando a su nombre le cuelgan el adjetivo de “cuadrazo. Y, además de un gran dirigente, Wado es un cuadrazo, el mejor de todos.

No dudó en empuñar el bastón de mariscal que reclamaba Cristina a la militancia. Wado se cargó al hombro el orgullo y los valores del kirchnerismo para disponerse a defender no solo proyectos y conquistas propias, sino la gestión de gobierno, que no le era tan propia y mucho menos tan propicia.

Su renunciamiento es el broche de oro de su coherencia militante. Un renunciamiento sin egos y sin rencores. Su generosidad, su preparación, sus horas de trabajo, su honestidad y su resiliencia no han sido ni serán en vano.

Hay futuro.

Y hay futuro porque hay (o habrá, no lo dudo) wadismo.

Hay en Wado un líder y una bandera. Se lo ganó con su coraje, con su militancia impar y con su trabajo. Hay mucho por hacer y el Mariscal que se galardonó en el campo de batalla está listo para dar la pelea definitiva.

Ya vendrá ese tiempo y seremos muchos los que estaremos junto a él.

Porque siempre valdrá la pena acompañar a quienes se empecinan en torcer la historia y enfrentarse a la impudicia y la soberbia del poder. Y porque siempre será un orgullo estar de ese lado de la vida.

Rengos de amor

Por Fabián Florella

 

 

Los odiadores de siempre tuvieron, como efímeras imágenes del tan deseado apocalipsis que no fue, la ansiada foto de la basura en la calle y su videíto de viernes con la policía interviniendo en una gresca menor.

La oposición política podrá montar su show y solicitar una especie de rendición de cuentas acerca de cuestiones contractuales, que jamás fueron secretas ni privadas, como excusa para no reconocer el éxito de una gestión.

Pero nada más.

Otra vez la celebración resultó una fiesta. Como la del Salame, la de la Cerveza o el Mastaii- la presentación de La Renga tuvo todos los ingredientes de una fiesta popular que le dio un matiz distintivo al caluroso sábado de enero.

Fue, como lo queríamos y lo soñamos tantos, un pacífico desborde de alegría y color; vislumbrada en la previa en cada parrilla improvisada o en cada juntada bajo la sombra de los árboles y, luego del concierto, en los cuerpos fatigados, sudados, polvorientos -pero henchidos de amor y felicidad- del pueblo rengo que también tuvo tiempo para el sincero agradecimiento que nos brindaron a todos los mercedinos, no solo por parte de los artistas sino también quienes vinieron a verlos.

Mercedes tuvo otra vez, gracias a un gobierno popular que está dispuesto a tomar riesgos de los buenos y brindarle a sus ciudadanos espectáculos de calidad a precios razonables y a pocas cuadras de su casa, un gran acontecimiento cultural de masas.

Y de paso, o no tanto, un evidente beneficio económico directo derivado del consumo de las más de cuarenta mil almas que asistieron, como así también el beneficio -indirecto- que significa instalar la ciudad y sus atractivos en la agenda nacional y provincial como un polo turístico y, porqué no, como una plaza de fuste para la realización de otros espectáculos multitudinarios.

Y fue otra vez en el templo de las fiestas populares que son los espacios públicos, que es la calle y también el Parque Municipal, porque es allí donde todos pueden disfrutar plenamente y por igual más allá de algún lógico desborde -normal en semejante movilización- de alguna meada inconveniente o de algún rezagado durmiendo en la puerta de una casa.

No hay celebración más perfecta que la que ocurre en un espacio público y con artistas populares abrazados por el pueblo en la calle. Ni en un microestadio, ni en un teatro. Ni siquiera en una cancha, sino allí en ese lugar sagrado que es de todos.

Fue, al fin y al cabo, una hermosa noche con el inmejorable marco que siempre brinda nuestro bello Parque.

Habrá para mejorar, seguro. Hubo errores, claro. Pero sobró la solidaridad de nuestra gente, sostenida -una vez más como en la pandemia entre otras emergencias- por uno de los pilares de la activa sociedad civil como lo son los clubes, que se abrieron -generosos y dignos- ofreciendo mucho más que un simple lugar de acampe.Vivimos una verdadera e inolvidable fiesta popular. Habrá quienes protesten porque no trajeron un ballet; otros que pedirán por un artista que exprese mejor sus gustos estéticos y musicales. Pero lo cierto es que pasó por Mercedes la mayor expresión artística de la Argentina en términos de masividad en la que, tanto los vecinos de a pie como sus dirigentes, dieron la talla.

Y todos, al menos los que nos emocionamos cuando las mayorías populares son las principales invitadas al festejo y forman parte de él, disfrutamos y agradecemos la oportunidad de vivir estos hermosos encuentros del pueblo con sus artistas.

Siempre habrá que pedir, como dice Silvio Rodríguez, que nos perdonen “los muertos de nuestra felicidad”. Vayan entonces las disculpas a quienes tuvieron que sufrir las molestias, los ruidos, la basura por unas horas, que tal vez hayan sido largas puertas adentro. Estoy seguro de que ya se está trabajando para, en el futuro, minimizarlos o, porque no, convertirlos en una ventaja para los vecinos.

Pero, en cualquier caso, debemos entender también que la vida en comunidad reclama esas mínimas incomodidades, esfuerzos o pequeñas concesiones individuales en beneficio de las mayorías. Porque así como agradecemos o aprobamos la presencia del Estado cuando nos mejora la calidad de vida con obras, salud pública, alumbrado, creación de espacios verdes o políticas inclusivas de cualquier índole, también debemos aceptar y entender que por la puerta de nuestros hogares pueda transcurrir un poco de la historia cultural de nuestro pueblo. Aunque nos ensucien los portales.

Ninguna fiesta popular es “inocua”. San Fermín, el Tour de France, los desfiles militares y tantas otras, ocurren en las calles, frente las casas de miles de personas que viven naturalmente esos mítines; porque la calle es históricamente el lugar de los festejos y las manifestaciones del pueblo.

Ojalá este encuentro sirva para interpelarnos como vecinos acerca del valor del espacio público y su uso por parte de la comunidad. Y que lo sea más allá de los discursos que nos instan a tener como única preocupación el brillo de la vereda nuestra, aunque a la del vecino le falten las baldosas que nosotros celosamente e inútilmente guardamos.

Y más allá también de que quienes denostan y aborrecen las manifestaciones populares en las calles sean los mismos que expresan su euforia cuando los bares ocupan plazas, aceras y veredas para hacer más rentable su negocio.

Por eso, y por tantas otras cosas, yo ofrezco mi calle para que otra fiesta del pueblo suceda. Porque, como dice la canción, “sin esta gente pa’ qué cojones quiero pasar”.

 

 

EL COMBUSTIBLE Y LOS DINOSAURIOS (A propósito de la “solicitada” de Juntos)

Por Fabián Florella

Allá por 1983 celebrábamos ruidosamente la lúcida metáfora de Charly y soñábamos que, definitivamente, los dinosaurios iban a desaparecer. Era el sueño de todos. Del pueblo peronista y del radical;  de los intransigentes y de la izquierda; el de los ingenuos e incluso también el de los escépticos que -seguramente a su pesar y arrastrados por la primavera democrática- creyeron que aquella  categoría paleontológica se iba a desterrar para siempre de la Historia Argentina.

Permanece inalterable en imaginario popular que la suerte del peronismo en las elecciones presidenciales que marcarían el inicio de la esta nueva era quedó echada cuando uno de sus candidatos, frente a un ataúd de fantasía (con la leyenda de su oponente político), osó prenderlo fuego.

Casi 40 años después de aquellas horas felices de recuperación de la democracia los dinosaurios, lejos de desaparecer y dolorosamente vivos, son la materia prima del combustible con el que se puede incendiar el orden institucional.

Lo que penosa e impúdicamente la oposición de Juntos -sin ruborizarse- publica como una solicitada es, lisa y llanamente, violencia política (para peor orgánica, institucional); antecedente emocional insoslayable en el consciente colectivo estimulado infinitamente por el poder mediático, del atentado a la vida de la Sra. Vicepresidenta de la Nación.

Un panfleto burdo, escandaloso, infame. Impropio de una fuerza que puede sin dudas jactarse de haber contado siempre entre sus filas con  intelectuales capaces de debatir filosamente, con espíritu crítico y delicada pluma, ideas y proyectos.

Una diatriba con un fallido igual de burdo (e imperdonable) que pone en blanco sobre negro su despreocupación por la verdad, por el rigor de los textos y por el esclarecimiento de los hechos trascendentales de la vida y la lucha política argentina. El incendiario líbelo, con letras mayúsculas de gran tamaño, refiere equivocadamente a Jorge (Julio) López; símbolo de la memoria, la verdad y la justicia que testimonió valientemente frente a un Tribunal (y a su verdugo) respecto de los padecimientos a los que él y otras víctimas de los delitos de lesa humanidad fueron sometidos por la dictadura cívico militar de la que emergió la Argentina a finales de aquel 1983, y a la postre le costó su desaparición.

El vergonzante y gigantesco fallo pone en evidencia el débil compromiso de la coalición firmante para con las políticas de juicio y castigo a los culpables de los años más dolorosos para nuestro pueblo.

Y decimos error pensando que en la publicación han querido referirse al condenado José Francisco López y de ningún modo han pretendido mancillar la memoria de aquella víctima, aún desaparecido, pues, si así fuera, la irredimible ofensa tendría como objetivo no solo a un puñado de dirigentes, sino todos y cada uno de los argentinos que  hemos dicho Nunca Más.

Duele entonces no solo la escalada de la violencia verbal publicada que ataca a valiosos dirigentes mercedinos que trabajan incansablemente por una ciudad mejor y cuyo resultado está a la vista de todos, sino que la cobarde agresión no se encuentre siquiera acompañada de alguna crítica a la gestión, alguna propuesta, una idea para debatir.

No hay denuncia ni señalamiento. Solo la rastrera estrategia de mencionar a un condenado por corrupción (nunca sabremos quien le pagó para corromperse, aunque en el origen de muchos de sus billetes pueda adivinarse el color amarillo) junto al nombre de la más importante lideresa popular de la Argentina y de tres de los más reconocidos dirigentes de la ciudad.

Cualquiera que conozca la integridad, la convicción, el compromiso y la lucha de Wado, Gerónimo y  Juani sabrán que no son lo mismo que el nefasto personaje de frecuente y amigable trato con el  “amigo del alma” de Macri. Aquellos que no los conocen los podrán juzgar por su gestión, por su trabajo a favor de nuestra ciudad y por la transparencia de sus actos.

Sin embargo no podemos dudar que quienes pergeñaron la vergonzosa publicación tampoco son lo mismo que Alem, Irigoyen y Alfonsín o, aquí más cerca, que Pedro Martín Aguirre o Pancho Torres, por nombrar solo alguno de los valiosos dirigentes del radicalismo mercedino hoy emparentado con ideas impropias de aquel Movimiento de Renovación y Cambio que, con hidalguía y nobleza,  pusieron su solidaridad y sus ideas en la búsqueda de una Mercedes mejor.

Ponele (Sobre tu voto)

Por Fabián Florella 

Ponele que vos te informás por los llamados medios tradicionales; que lees Clarín, La Nación, Infobae y ves tele en los canales “que siempre están puestos en todos lados”.

Ponele que vos no leíste el libro de Pablo Duggan y no sabés que todas las pruebas del expediente del caso Nisman indican que fue un suicidio y que la manipulación mediática de este caso y del que involucraba a Aníbal Fernández en el triple crimen de General Rodríguez fueron minuciosamente planeados para incidir decisivamente en la elección de 2015.

Ponele que no escuchaste jamás hablar del tráfico de las armas a Bolivia para apoyar un golpe de estado, que no tenés idea del Caso Correo Argentino y la estafa al Estado que quieren perpetrar, ni te enteraste del tema de las autopistas por el que pagamos mil millones de dólares que no se debían para favorecer a los de siempre, a los de ellos o a ellos mismos.

Ponele que tampoco te enteraste del caso de los Parques Eólicos ni de quien se benefició con ese negocio. Que no supiste que espiaban a la oposición, a los jueces, a los referentes sociales, a sindicalistas y hasta a los propios.

Ponele que no sale en ningún medio de los que vos consultas que nos endeudaron escandalosamente en una cifra que algunos dicen 85 mil y otros cien mil millones de dólares en 4 años hipotecando el futuro para siempre; y que tampoco leíste que posibilitaron que todos los dólares que ingresaron se fueran del sistema financiero nacional ya que se permitió comprar y luego fugar a quienes solo pueden hacerlo, ellos.

Ponele, además, que nunca escuchaste que ellos tienen empresas y plata en paraísos fiscales, que hicieron una ley a medida para blanquear los millones que ganaron fraudulentamente y que la ceguera del fideicomiso transparente fue una mentira espeluznante.

Ponele que tampoco  tuviste conocimiento de que persiguieron a opositores y que las causas Memorándum con Irán, Dólar Futuro, Obra Pública Santa Cruz, Gas Natural, Qunita, Oil Combustibles, Ruta del Dinero K y Cuadernos fueron, entre otras, producto del lawfare (armado y manipulación de causas judiciales con el apoyo de los medios de comunicación y jueces), impulsadas por fiscales o jueces abiertamente partidarios, con peritos truchos, testigos truchos, cuadernos fotocopiados que no aparecen y se queman, periodistas en complicidad con agentes de inteligencia y fiscales, aprietes y sobornos a supuestos arrepentidos y que, por otra parte, jamás escuchaste que los jueces que debían fallar en esas causas iban a visitar al presidente a Olivos antes de cada decisión que debían tomar. O que, finalmente, tampoco que enteraste que esos jueces (u otros) hablaban por teléfono con sus operadores judiciales y eran escandalosamente apretados para que resuelvan a favor de seguir encarcelando y procesando a opositores.

Ponele que la información a la que accedes no te permite saber que otra vez destruyeron la industria nacional, que con ellos subió la pobreza, la indigencia y el desempleo, que bajaron los salarios y las jubilaciones; que por otra parte no recordás que cuando asumieron el dólar estaba a 9,85 y que lo dejaron a 62,99 (539% por ciento de aumento) y que la inflación durante diciembre 2015/diciembre 2019 fue más del 300 por ciento.

Ponele que nunca te enteraste de nada, de buena fe, por colgado, por ingenuo, porque no te interesa, porque leíste “las noticias que lee todo el mundo”; que tuviste la suerte de conservar tu trabajo cuando ellos gobernaron, que no te dijeron que eras grasa militante, ni te limpiaron de la administración pública, ni tuviste que pagar la luz y el gas que durante el gobierno de ellos aumentaron entre 3.400% y 5.500% la electricidad y entre 1.300 y 1.500% el gas, con picos de 1.900% en algunos casos.

Ponele también que sinceramente creíste que Alberto nos encerró, que tuvimos la cuarentena más larga del mundo, que no podés salir a comer, o ir a bailar o a tomar algo con amigos y eso molesta; que nunca cobraste una IFE ni el sueldo gracias a los ATP y que tuviste la dicha de no necesitar ninguna ayuda del Estado durante la pandemia y el aislamiento; que a pesar de todo desconocés que los índices de vacunación de la población contra el Covid 19 son altísimos en nuestro país, que la pandemia ha sido manejada exitosamente a partir del análisis de la comparación de muertes ocurridas en años anteriores y que jamás faltó aquí un respirador o una cama; ni sabés tampoco que la situación económica de la Argentina producto de la pandemia no es peor que la de países infinitamente más ricos y desarrollados que nosotros.

Ponele que jamás te anoticiaste de que ellos cerraron escuelas públicas, que dejaron a medio construir centenares de ellas solo porque las había iniciado el gobierno anterior; ni tampoco llegó a tus oidos que se jactaron de que no hay que abrir universidades públicas porque pretenden que los pobres, los laburantes, nunca van a llegar a la universidad.

Ponele que desconocés absolutamente que ellos regalarían o venderían Las Malvinas y el resto de las islas del Atlántico Sur.

Ponele además que ignorás, por cualquier causa, que de un lado hay un proyecto político que pretende un país más justo, inclusivo e industrializado y del otro lado solo eslóganes efectistas, falsas noticias,  premisas engañosas, agresión y odio; y tampoco sabés de ese mismo lado del odio están ellos, que le sacaron los remedios gratis a los viejos, las pensiones a los discapacitados y mintieron diciendo que iban a sacar el impuesto a las ganancias de los trabajadores.

Ponele que, aunque pasó hace poco, te olvidaste que ellos te decían que las vacunas eran veneno.

Ponele que no te importa la política ni nada y pensás que nadie va a cambiar nada.

Aún así. ¿Quién crees que va a defender mejor tus derechos?

¿Quién crees vos que va a hacer lo imposible por que mejoren el salario, la distribución de ingresos, el acceso a la vivienda y a la educación?

¿Quién pensás que va a intentar, a través de las herramientas legales de regulación que posee el Estado, que los poderosos no hagan lo que quieran fijando precios, salarios y condiciones de venta a su antojo para sacar la máxima ganancia posible?

¿Quién crees que va a tratar de proteger a la población y construir un estado presente que te permita acceder y gozar de tus derechos?

¿Crees que van a ser ellos que son quienes te van a pagar el salario y quieren pagarte el sueldo más bajo posible para ganar cada vez más, y a su vez no quieren que nadie labure en el Estado porque el Estado paga salarios dignos que van a poner en evidencia la miseria que quieren pagar a los trabajadores?

¿O crees que va a ser la fuerza política que desde 1945 ha gobernado para mejorar las condiciones de vida y los derechos de la población; que le permitieron a tantos millones acceder a la educación (en todos los niveles) en forma gratuita; a la vivienda y a todos los derechos laborales que hoy aún, a pesar de ellos, siguen vigentes?

¿Quién crees que va a defender mejor los intereses del país? ¿Los que quieren tener soberanía política e independencia económica e hicieron lo posible y lo imposible para tener una industria nacional, desendeudar al país y defender cada porción del territorio o los que nos endeudan con el FMI para que estos nos impongan sus recetas neoliberales de hambre, ajuste y miseria, los que quieren entregar las Malvinas y cualquier otro bien público o del estado puesto que a ellos solo les importa la (su) propiedad privada?

¿Quién va a defender tu vida, tu libertad y tus derechos individuales? ¿Quienes cuando gobernaron ampliaron y otorgaron todos los derechos posibles para la mayoría y proclaman que donde hay una necesidad hay un derecho o aquellos que te meten preso por pensar distinto, te espían y protegen a los asesinos de las fuerzas armadas y policiales?

Podría seguir, mucho más, pero estoy seguro que vos sabés lo que te quiero decir y lo entendiste. Ellos van a gobernar para ellos, su plan es para hacer negocios con el Estado y enriquecerse más ellos. Y vos no sos ellos, vos sos nosotros.

Y nosotros queremos y votamos a un proyecto nacional y popular, un país para todos. Porque a nosotros nos importa el otro y por eso nos queremos salvar todos juntos y crecer todos juntos.

No esperamos que ellos nos digan que hicimos méritos y entonces nos suban a su barco que tiene lugar para pocos y, en el mejor de los casos, si te suben, te van a llevar donde ellos quieran.

Ponele que ya sabés a quien vas a ponerle tu voto.

MERCEDES Y LA POSIBILIDAD DE TENER UN ESTADIO MAYOR

La ciudad vive un proceso de constante crecimiento, desarrollo y modernización. Cada vez más personas la eligen como lugar de residencia; es una localidad estratégica en la expansión de la provincia tanto por su cercanía a la Capital Federal como las posibilidades que contiene en sí misma. Entre varias otras, la Liga Mercedina de Fútbol concentra sólo en primera 23 equipos siendo ésto solo un puntapié para ver la necesidad de crear un estadio único de fútbol a la altura. Alberto Florella conversó con profesionales del deporte, especialistas en desarrollo inmobiliario y el presidente de la Liga para conocer sus puntos de vista.

La llama de la idea de construir un estadio único de fútbol, con capacidad para recibir al menos 10 mil personas, se enciende. Con la evidencia de la búsqueda de la expansión de la ciudad en áreas turísticas, deportivas y un crecimiento en la cantidad de habitantes con todo el movimiento social que ello implica, pensar en construir un estadio de estas características que mejore a la actual cancha de la Liga Mercedina de Fútbol vuelve a circular en la discusión y propuestas sobre qué necesita o hace falta en una ciudad para crecer más y mejor.

Si bien la idea no es la primera vez que aparece en las conversaciones, la realidad es que, al día de hoy, la Liga sostiene y contiene un conjunto de 23 equipos masculinos (contando sólo a la primera división) en un predio viejo y pequeño. A ello hay que sumarle el femenino, la reserva, divisiones inferiores, infantojuvenil. Esteban Marcelo, presidente de la institución deportiva, consultado en la mañana de Comunicación y Vida, reflexiona al respecto: “Si en Mercedes hubiera un estadio permitiría que, entre otras cosas, la Asociación del Fútbol Argentino nos pudiera elegir para jugar competencias de mayor jerarquía: Copa Argentina, finales de fútbol femenino y otros torneos que muchas veces son llevados a otros terrenos de la provincia”.

Una de las grandes cuestiones es cómo y dónde. Mientras el campo de juego actualmente está ubicada en la entrada al Parque Municipal, para muchos quedó obsoleta y desaprovecha la presente jerarquización que desde el municipio se viene realizando del propio parque. Para Luis Colao, figura máxima del Colegio de Martilleros de la ciudad y emprendedor inmobiliario, un estadio nuevo no sólo es una necesidad si queremos pensar en la modernización de la ciudad y proyectamos a largo plazo, sino que, si lo pensamos, el Parque Municipal hoy no tiene frente. “Esa tierra donde está la Liga se puede recuperar para el parque, dar otra característica, jerarquizar la entrada al parque y darle frente al río”. Siguiendo la idea de Colao, quien hace años atrás había realizado la propuesta, uno de los espacios ideales sería en el sector nuevo del Parque Municipal, detrás del Mercedes Rugby Club.  Según el ex concejal, ese lugar tiene muy buen acceso para la entrada y salida de vehículos. El proyecto se completaría con una cesión a comodato del espacio de práctica del Cuerpo de Bomberos. “Ahí podíamos lograr que el parque llegue hasta La Pulpería, incorporándola al parque y luego, por el costado al fondo, tener la entrada al estadio”, explica Colao y agrega: “Sería un salto turístico y de calidad y un beneficio para todos los mercedinos”. Además, agrega, “no es un proyecto que no se pueda concretar. Lo que tiene que germinar es la idea”, dice y recuerda que en su momento se realizaron estudios y averiguaciones con empresas dedicadas al sector.

Fernando Moner, ex futbolista profesional, coincide en la necesidad y el gran beneficio en diferentes aspectos que esto implicaría. Mientras que para Moner si bien desde el Municipio se hace mucho, la realidad es que “toda la estructura que tiene el deporte argentino, en general, ha quedado bastante obsoleta”. Para el ex jugador de San Lorenzo, para no quedar fuera de todo el sistema y poder participar de los mejores de eventos deportivos, haciendo los estudios necesarios de dónde conviene realizarlo, con una capacidad mayor y el apoyo nacional y provincial, sería un aporte de dinero muy importante para la ciudad, además de saber aprovechar que es un incentivo para los chicos. “Es algo muy productivo y fundamental para el crecimiento de una ciudad y de un país”.

Marcelo por su parte, como presidente de la Liga por más de 10 años, la mejor locación, y la cual presentó en su momento como proyecto, se ubicaba en el actual predio de Los Palometas. Y suma un actor para él fundamental a la hora de pensar en diseño y desarrollo: la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (A.Pre.Vi.De), además de arquitectos, ingenieros y profesionales idóneos.

Otra de las locaciones posibles, sería el ex basural ubicado en la prolongación de la Av. 29. Su conexión con la Ruta Provincial 41, alrededores con espacio para estacionamiento y la misma 29 como posibilidad para los ingresos generales, permitirían pensar en un estadio que no sólo albergue fútbol sino otros deportes, así como eventos populares que son cada vez más masivos como la Fiesta del Salame, de la Torta Frita y shows musicales como el Mastai, entre tantas otras posibilidades.

En uno u otro lugar, el sueño de un estadio mayor no es imposible. Sólo hace falta mayor decisión y apuesta política, así como recuperar el espíritu de los mercedinos emprendedores y un trabajo en conjunto con la sociedad.

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