A pesar de las acciones preventivas, grupos de estudiantes de distintas instituciones utilizaron fuegos de artificio sonoros que alteraron la vida de la comunidad.
Nahuel Grassi, director junto a su esposa de Radio Mercedes, es papá de dos niños con autismo (de nueve y doce años) y narró en primera persona las dificultades que debieron atravesar a causa de los estruendos que formaron parte del festejo del Día del Estudiante. “Como muchos otros, no pudimos trabajar porque nuestros hijos nos necesitaban, por culpa de gente que es inadaptada y que no cumple con las ordenanzas municipales. Son actitudes que afectan a los niños con autismo o síndrome de Down, a los animales, a los excombatientes”.
Los niños y niñas con autismo, explicó, tienen el oído más desarrollado que otras personas y al escuchar ruidos fuertes “buscan escaparse, ante el miedo que les produce quieren salir corriendo. Por eso, ante el riesgo de que se larguen a cruzar una calle sin mirar, debemos tenerlos encerrados y autoflagelándose. No hay una cura para eso ni nada que se les pueda dar. Como papás lo sufrimos mucho más que ellos, incluso, porque estamos viendo a nuestro hijo golpearse, gritar o esconderse”.
“En la Argentina se perdió el respeto por el otro”, lamentó. “Yo hago lo que quiero porque me hace bien a mí y sin pensar en el prójimo. La casa es la primera institución que debería decirles a los chicos que lo que hacen está mal, y no porque se están divirtiendo sino porque le provocan un daño a otra persona. Si los padres no les marcan la importancia de conservar ese respeto, nosotros no vamos a poder cambiar nada aunque se cree un Ministerio del Autismo”, subrayó.
Grassi contó que el jueves salió a hacer una recorrida por la ciudad y “no fueron todos los colegios (los que no usaron pirotecnia), fueron alumnos de colegios privados. Y los padres protegen a los hijos para que hagan eso. ‘Mi hijo se egresa una sola vez’, me han dicho. La única manera que tenés de hablarles es peleándote, y no es lo que yo quiero generar”.
Micaela Riccomini es la presidenta de la Comisión de Discapacidad municipal y el 21 de septiembre no pudo ir a trabajar. “Falté porque la pirotecnia sonora es algo que me afecta mucho”, dijo. “Yo sé que se habló un montón este tema, se trató de prevenir, pero falta responsabilidad individual. Esto no lo cambia una sola persona, es un trabajo que deben hacer la casa y la escuela. Si le caemos con la responsabilidad a una sola persona o institución no funciona”.
Del mismo modo, el veterano de guerra Roberto Estévez consideró que “no hay que caerle a los chicos y chicas, acá tiene que ver el adulto responsable y la persona que vende, tanto en Mercedes como afuera. Es un problema más de los grandes que de los chicos“, opinó quien en años anteriores ha trabajado en campañas preventivas junto a familiares de niños con autismo, adultos mayores y protectores de animales.
Grassi aportó en ese sentido que “hay padres que salen a comprar la pirotecnia fuera de Mercedes. Yo cuando era pibe hacía un asado para festejar la primavera, no molestaba a nadie. Pero ojo, el Estado es el último responsable, no se puede salir a reprimir el festejo. Esto empieza por casa, por los padres, por los hijos, y después por la escuela”.