Silenciar es encubrir

Carta abierta de dos de las víctimas de abuso sexual por parte del cura Héctor Cuchietti, a un año de la derogación de la ordenanza que imponía el nombre del religioso a una calle de la ciudad de Mercedes.

 

El 9 de marzo de 2021, el Concejo Deliberante de la ciudad de Mercedes, Bs. As., derogó la Ordenanza número 739/17 por la cual se imponía el nombre “Padre Héctor Cuchietti” a la calle 114 entre 13 y 19, quitándose luego la placa recordatoria.

Esta reparación histórica fue pedida por un grupo de mujeres que cuando niñas fuimos víctimas de abuso sexual por parte de este sacerdote. Al cumplirse un año de este acontecimiento, creemos que es importante mantener viva la memoria.

Una sociedad entera nos escuchó, algunos dudaron o cuestionaron, pero muchos más se acercaron para decir “yo sí te creo”, “a mí también me pasó”, con toda la potencia de aquello que se desea: creer y que nos crean, acompañar y que nos acompañen, cuidar y que nos cuiden. Ir avanzando entre todos hacia nuevas formas de leer el pasado , el presente, y de cimentar el futuro, es el objetivo.

A partir de esta lucha emergió la construcción de nuestra propia memoria que tiene como disparador el duelo colectivo por todas las mujeres y niñas violentadas.

Tomar la decisión de revelar un secreto a voces significó también interpelar a la comunidad mercedina. Si bien fue una verdad incómoda y hasta dolorosa para algunos y algunas, confiamos en que el paso del tiempo contribuirá para reflexionar sobre el abuso, el poder, la impunidad, la complicidad, el patriarcado, el valor de hablar cuando se puede y tantos otros temas que atraviesan al abuso sexual.

Revelar un secreto, una verdad silenciada, fue sobre todo sanador y liberador para nosotras como así también para otras mujeres que se sintieron habilitadas para hablar, poniendo en valor la importancia del “no nos callamos más”. Contando que fuimos víctimas de abuso infantil se pudieron visibilizar todas las redes de contención que existen para sostener a quienes necesitan denunciar abuso y también se pudo ver el acceso a los mecanismos democráticos del Estado para debatir estos pedidos de reparación histórica. Silenciar es encubrir.

Denunciar y hablar en primera persona, sostener y creer desde el lugar del otro, es involucrarse, es no mirar para otro lado, es revisar las propias prácticas, es empezar a mirarnos con empatía, es un compromiso social del que todos y todas somos protagonistas y debemos construir día a día.

Como señala Luisa Passerini, historiadora cultural italiana: “Las memorias se encadenan unas a otras. Los sujetos pueden elaborar sus memorias narrativas porque hubo otros que lo han hecho antes y han logrado transmitirlas y dialogar sobre ellas. Sólo podemos recordar gracias al hecho de que alguien recordó antes que nosotros. Recordar como una relación fuertemente intersubjetiva”.

En este 8M militamos con nuestra memoria por lo conquistado y nos empoderamos en la lucha contra las desigualdades y violencias que siguen atravesando nuestras vidas.

 

Marcela Brown DNI 17.207.392

Mariana Cáceres DNI 17.836.933