Una pareja de mercedinos cuenta en primera persona el paso del huracán Otis por Acapulco

Eliana López e Iván Díaz, junto a su pequeño hijo Camilo, recorren América en combi desde el año 2016. La semana pasada se dieron “el susto de nuestras vidas”, confiesan.

 

 

Desde Puebla, adonde pudieron llegar después de recorrer 600 kilómetros en su camioneta maltrecha, cinco días después del durísimo fenómeno climático, conversaron con Radio Meridiano.

“Fue una situación súper traumatica. Hemos estado en varios temblores, en una tormenta de arena en Chile, pero en más de siete años que hace que viajamos y habiendo recorrido 14 países, nunca nos tocó atravesar algo así“, contó Eliana, con la angustia todavía contenida en la voz.

La pareja y su hijo de dos años llegaron a estar a sólo cuatro kilómetros del ojo del poderosísimo huracán que arrasó el paradisíaco balneario mexicano el martes de la semana pasada. “Ese día estabamos en la casa de un mecánico que nos estaba reparando el embrague de la camioneta. Iván además estaba haciendo un trabajito de arreglo de una moto. A las dos de la tarde, a través de la ubicación de Internet, me llega un alerta de huracán nivel 1, algo que nunca había recibido a lo largo de viaje. Le cuento al mecánico pero la gente del lugar no había recibido nada. Me explicaron, de todos modos, que muchas veces los amenazan huracanes que al tocar tierra se convierten en tormentas tropicales, sin mayor riesgo. Más tarde, ya estando en la playa, me llega otra notificación: la alerta había pasado a nivel 3, pero una vez más nadie se alarmó”.

Cerca de las 20 hs y con un aviso de nivel 4 la cosa se puso tensa. A los locales seguía sin llegarles un aviso preventivo, pero Eliana e Iván prepararon una mochila de emergencia con comida y pañales, y se aprontaron para lo peor. “No había otra cosa que pudiéramos hacer. Por más que hubiésemos salido a la ruta para tratar de huir, el huracán abarcaba 200 kilómetros a la redonda”.

Encerrados en una habitación del segundo piso de la casa del mecánico, “a eso de las 23.30 comenzó el viento. Unos minutos antes de que se corte la luz, el alerta era ya de nivel 5”, narró Eliana. Lo que siguió fue una noche de horror y miedo. “El sonido de las cosas que volaban y de los hierros retorcidos como papel no podría replicarlo ni describirlo. En un momento se derrumbó el tercer piso de la casa y por las paredes de nuestra habitacion comenzó a entrar agua; temimos lo peor”.

Los tres se escondieron debajo de la cama. Camilo estaba muy asustado. “No había luz, y cuando el viento corría fuerte ni la voz nos escuchábamos;  en cuanto podía encendía la luz del celular para que nos viera y le cantaba canciones infantiles”.

Dos horas pasaron abrazados debajo de la cama. Recién a las cuatro de la mañana pudieron salir de ese refugio improvisado, pero con la advertencia del dueño de casa de que permanecieran en la habitación porque las cosas seguían volando por todos los ambientes.

Lo que encontraron afuera horas más tarde tampoco puede explicarse con palabras. “Se habían volado los autos, los techos, ni un solo árbol quedó en pie. En la cuadra donde habíamos dejado la combi no quedó un vehículo sano; sin embargo, por alguna protección, nuestra combi recibió golpes pero se salvó”.

Apenas se repusieron un poco pensaron en dejar el vehículo y salir a la ruta a hacer dedo “porque en Acapulco la ayuda está llegando a cuentagotas, no hay agua ni comida, las comunicaciones siguen cortadas”. Pero les robaron cosas que estaban dentro de la camioneta y decidieron esperar. “La situación se calmó recién cuando llegó la Guardia Nacional y abrieron la ruta que une Acapulco con la Ciudad de México”. Fue entonces que se animaron a manejar hasta Puebla, donde los recibió una familia amiga.

Cuatro días después del paso de Otis, Ivan había recorrido 40 kilómetros para poder comunicarse por teléfono con quienes serían sus anfitriones. Por una confusión, se interpretó que habían perdido la combi y se inició una colecta de dinero para ayudarlos. Eliana agradece los gestos de apoyo recibidos pero aclara que no fue así, que la combi resistió estoica y pidió dar de baja la colecta.

El sueño inicial de Eliana, de 35 años, e Ivan, de 34, era llegar a Alaska, aunque las circunstancias y el nacimiento de Camilo fueron torciendo su rumbo. Ahora están en Puebla y creen que bajarán a Costa Rica por un tiempo para recuperarse anímicamente (porque no sufrieron heridas físicas) y ver cómo siguen. En cada escala de su viaje, ella vende artesanías y trabaja en bares y restaurantes, y él se dedica a la mecánica. Viven y duermen en la combi, que cuenta con un buen equipamiento y hace poco tiempo agrandaron ante la llegada de su primer hijo.

Cuando la pandemia los encontró en la Riviera Maya vivieron un momento de incertidumbre, que superaron gracias a la ayuda del dueño de un hotel donde ella trabajaba, que a pesar de tener que cerrar los dejó quedarse como serenos. “Acá la pandemia se vivió de otra manera, se podía circular, no hubo tanto encierro”, contrasta Eliana con la situación argentina. La pasaron mucho mejor que con la llegada de Otis, que no olvidarán por el resto de sus vidas.