La experiencia de una mercedina en los campos de tulipanes de Trevelin

Maite Landini recorre la Patagonia argentina en transporte público, con apenas una mochila y en compañía de su amiga Daniela Dasdore. Relató sus vivencias por Radio Meridiano.

 

 

Landini contó que una meta central de este viaje era la visita a los vistosos campos de tulipanes que han hecho conocida internacionalmente a esa pequeña localidad chubutense. Ubicados a unos trece kilómetros del casco urbano, “cuando te vas acercando ya vas viendo las terrazas de tulipanes alineados por colores, una cosa hermosa”, describió.

El predio que se ha hecho más famoso a través de fotografías y programas de televisión es un emprendimiento privado y por tanto cobran una entrada de 18.000 pesos, “sin descuentos para jubilados ni personas con discapacidad”, aclaró Maite. “Una vez adentro atravesás ese terreno y no terminás nunca de recorrerlo. Hay carteles con cada detalle de cómo se siembra, cómo se da cada color, etc.”

Los tulipanes rompen en flor a comienzos de octubre y permanecen incólumes hasta principios de noviembre. “Esas semanas están impecables, hermosos de ver. Y lo que yo no sabía es que después, en este caso el 7 de noviembre, a los tulipanes los deshojan y esparcen los pétalos desde avionetas sobre la ciudad para cerrar la temporada”. No sólo en Trevelin sino también en localidades cercanas.

“La experiencia es maravillosa desde todo punto de vista”, dijo nuestra convecina, quien comentó además que los locales tienen bulbos y plantines de tulipán a la venta (al valor de 5.000 pesos), aunque no pudo comprar porque en Bariloche son retenidos al momento de subir al avión. “Daniela compró unas semillas de amapola y estamos temblando de que puedan incautarlas”, confesó.

Acostumbrada a los comportamientos urbanos, Landini admitió que esperaba encontrarse con “mucha gente cuidando el tulipán, pero no: nadie se atreve a meterles mano. El respecto que hay por las flores es espectacular”. En cuanto a los colores dijo que son variadísimos: “hay tantos que no podés dejar de sacar fotos. Incluso hay uno que es bordó con blanco”.

Casi llegando a Bariloche en micro de línea, la viajera resumió que la travesía le resulto “gratificante” y destacó “el respeto que hay entre la gente y con las plantas. Podrían querer tocarlas y ni eso hacen”.