Restituyeron la placa en la Plazoleta Manlio Gioscio

La habían vandalizado hace tiempo y fue repuesta en los últimos días por la Municipalidad a pedido de su hija.

 

 

 

Carmen Gioscio de Ginot, hija del Dr. Gioscio y una vecina muy respetada de nuestra ciudad, recordó en diálogo con Radio Meridiano que toda la calle 30 lleva el nombre de su padre y la plazoleta se encuentran ubicada en 30 y 9.

“Ahí estaba la placa correspondiente, pero fue vandalizada, la robaron. Al ser yo la única descendiente que ha quedado, hice muchas gestiones ante el Municipio y ahora han puesto una placa que posiblemente no sea objeto de interés para los cacos”, mencionó. “Me interesa que quede un testimonio porque la vida de mi viejo fue muy corta, vivió sólo cincuenta años. Lo llamaban ‘el médico del pueblo’ por sus grandes cualidades como cirujano. Las cirugías que ha hecho son increíbles, y casi siempre gratis, en el Hospital y también en el Sanatorio Mercedes, que no era de él sino del Dr. Zamudio”.

Carmen recordó que su padre viajaba cada miércoles a Capital Federal “para aprender las nuevas técnicas de cirugía que aplicaba el Dr. (Ricardo) Finochietto. El ex Regimiento de Mercedes le entregó una vez un reconocimiento por haber recompuesto la cabeza de un oficial al que le había explotado una granada”, evocó.

Otra mujer “de pueblo” le contó una vez que su hijo había sufrido una lesión en el cráneo al caer de una tranquera. “Mi papá le dijo que le iba a sacar un hueso de otro lugar y se lo iba a injertar en la cabeza, con el riesgo de que quede loco o zonzo. Y quedó rebien”.

A la esposa del dueño de la Algodonera Flandria la atropelló una vez un tren mientras manejaba un Citroen en Mercedes. Fue el Dr. Manlio Gioscio el que le salvó la vida. “Recuerdo que siendo yo muy chica lo venían a buscar a la noche, a cualquier hora, y mi papá se ponía un sobretodo negro sobre el pijama y se iba. Yo me quedaba despierta hasta que volvía”.

Hace poco tiempo, Carmen Gioscio se puso en contacto con el archivo del Poder Judicial para donar todo el material que conserva de su padre, “porque algún día puede ser de utilidad para contarle a los más chicos por qué esta plaza lleva su nombre”. Entre ese material se conserva el manuscrito de un discurso que el médico dio en 1953 en el Aeroclub, dos años antes de su fallecimiento, donde deja sentadas sus esperanzas en el desarrollo de la Argentina.

Francisco, el padre del Dr. Gioscio, llegó al país a los catorce años “huyendo de la miseria”. Fue dejado a cargo de unos paisanos en Buenos Aires, con la promesa de que pronto vendría también el resto de su familia desde Europa. Sin embargo, la familia rumbeó para Estados Unidos dejándolo solo acá. Por razones que se desconocen recaló en Mercedes, en una pensión de 16 entre 23 y 25, cuyo dueño era el Sr. Filipini. La hija de ese hombre, de nombre Silvia, se convirtió en la esposa de Francisco. Tuvieron once hijos y dos de ellos lograron cursar estudios universitarios: Julio y Manlio.

“El motivo por el que yo quería que repongan la placa es para que las nuevas generaciones sepan que nuestra ciudad se hizo con muchos héroes anónimos. Mi padre recibió del universo un don especial en sus manos y supo prodigarse”.