El zanjón de la calle 8, una mancha para la ciudad
Ubicado junto a las vías del Ferrocarril Sarmiento, se extiende desde la 13 hasta la 17 y emana de él un olor francamente nauseabundo.
“No sé cómo los vecinos pueden convivir con esto”, admitió el notero de Radio Meridiano, Juan Carlos Schifini, al recorrer el lugar. En el interior de la zanja es posible encontrar neumáticos, plásticos, bolsas de todo tipo y más. Además, está repleta de agua estancada.
La parte posterior de una vivienda propiedad de un vecino de apellido Federico da al desagüe. El hombre asegura que “el agua acumulada no drena para ningún lado. Históricamente, se iba para la 17, cruzaba por debajo de las vías hacia lo de Merlino y seguía entubada hasta lo de Armengol. Pero ahora no se mueve. Hace varios días que no llueve y la zanja sigue cubierta de agua”, dijo.
“Al final, nos vamos a enfermar todos. Hay acá una vecina inválida que cada vez que llueve me va a ver como si yo pudiera hacer algo. Es que yo siempre he hecho cosas para mejorar el barrio, pero de verdad que esto no lo puedo solucionar”, se lamentó el hombre.
Tal parece que el mantenimiento del zanjón es responsabilidad del ferrocarril. “Pero nosotros sabemos que la Municipalidad tiene gente capacitada que podría solucionar este tema. Debería hablar con Ferrocarriles Argentinos para que manden un inspector a ver cómo está todo, porque no es normal”.
Otra vecina, Susana Yanes, denunció la presencia de montículos de trigo en el lugar, tal vez proveniente del cercano Molino Cores. “Cansada estoy de reclamar a Atención Ciudadana, al 147. Tengo que estar con todas las ventanas cerradas por el olor que hay”.
La mujer dijo incluso que en la zanja descarga “un caño escondido” que ella cree que viene desde el molino y que transporte algún tipo de líquido. “Ya sabemos que el zanjón es del ferrocarril, pero siempre lo limpio el Municipio. Ahora dicen que no les corresponde. Con este olor, ¿sabés lo que va a ser esta zona en verano? Algo terrible”.
Federico reconoció que “adora” al Molino porque su padre trabajó en la construcción de la planta, pero en días de lluvia la playa donde esperan los camiones se convierte en un lodazal y una vez que los vehículos salen, llenan de barro todas las calles del barrio. “¿Por qué no echan dos camionadas de piedra, muchachos?”, imploró.
