La Escuela Normal celebra 138 años de historia

Cristina Echaire, directora del nivel primario, contó que el alumnado participa de los festejos escribiendo sus anécdotas relacionadas con la más que centenaria institución.

 

 

La invitación se hizo extensiva a exalumnos y familiares de quienes pasaron por la escuela, para que este viernes se acerquen a su sede a compartir estos relatos y, de paso, disfrutar de una torta gigantescas cocinada para la ocasión.

La Escuela Normal Gral. Justo José de Urquiza viene de sufrir, el fin de semana pasado, el fallecimiento de un alumno de trece años “y estamos un poco acongojados todavía”, admitió la docente, por lo que anticipó que el acto (los actos, en verdad, porque habrá uno a la mañana o otro por la tarde) será sencillo, “como para no dejarlo pasar”.

“La idea de invitar a exalumnos a que cuenten sus anécdotas intenta mostrarles a los chicos lo que es el sentido de pertenencia que uno puede ir cultivando. Las vivencias, las experiencias, las cosas lindas y no tan lindas nos unen, nos hacen familia, y tratamos de vivirlo así día a día”, señaló Echaire.

La matrícula actual de la institución es de 364 alumnos repartidos en partes casi iguales entre los dos turnos. La Escuela Normal comenzó con el dictado de clases el 16 de mayo de 1887 siendo la segunda escuela normal del país (la primera fue la de Paraná) y habiendo sido creada por Domingo Faustino Sarmiento.

La actual directora de primaria, de 56 años, fue alumna de la Escuela Normal desde primer grado hasta el fin de la secundaria. Luego se trasladó a Buenos Aires (estudió en el Normal 6) y regresó para trabajar en la institución mercedina hace 35 años. Se ríe a carcajadas cuando se le pregunta por sus anécdotas personales relacionadas con la escuela. Dice que hoy dirige a docentes que fueron sus alumnos. Y recuerda: “estando yo en cuarto grado, la señorita Lila Filippi armó un circo para animar un acto. Me tocó hacer de malabarista. En esa época los trajes no se alquilaban sino que se armaban sobre la base del equipo de gimnasia. Mi mamá me cosió unos círculos de colores al equipo, y ese era el traje. Los cuatro malabaristas nos juntábamos en una casa a practicar las destrezas con limones. Y el día del acto, por querer llamar la atención y ser los mejores, los tiramos tan altos que después tuvimos que andar corriendo y juntándolos para que no nos reten”.