San Martín frente a Milei: No existe libertad sin soberanía nacional

Eduardo Sánchez

Analista Económico Cepa

 

El día de ayer (17/8) se conmemoró un nuevo aniversario de la muerte del General don José de San Martín. Aquel Gran Libertador que hizo lo posible (e imposible) para alcanzar la libertad de la Patria Grande. Para “El padre de la Patria” su honor y su vida pertenecían a la emancipación de América del dominio español y entre sus frases me sobrevuela la que dice “Seamos libres, que lo demás no importa nada”.

La gran ironía es que con esta frase Javier Milei intentó relacionar el legado de San Martín, con su propio concepto de Libertad. Según dijo el presidente, su misión es proveer a la ciudadanía de la estabilidad y el crecimiento necesario para planificar su vida familiar y personal, aunque olvidó explicar cómo va a hacer para que mejore el salario real, para que el trabajador pueda al menos llegar a fin de mes, y pensar siquiera en que pueda programar algún tipo de vacaciones, y que el aguinaldo no sea para pagar deudas.

Pero estas contradicciones expresan en realidad una diferencia mucho más importante: aunque quiso relacionar a San Martín con su idea de libertad, le quitó toda noción de soberanía.

La libertad de Milei permite, como hemos dicho muchísimas veces en nuestro programa, el ingreso de bienes ya terminados, que tienen como consecuencia, menos producción, despido de miles de trabajadores, cierre de fábricas y la caída del consumo.

El fin de semana largo mostró los límites de esa libertad. Aquellos que pudieron viajar, lo hicieron por menos días, y el consumo en términos reales fue menor. Un fin de semana en el que se festejó el día de las infancias, pero en el que las ventas cayeron en términos reales 2,5% y si hablamos solo de juguetes la caída fue un 5%. Las familias compran menos juguetes, las industrian producen menos y volvemos a la espiral que hablamos recién, menos ventas, menos producción, más suspensiones, más despidos, más cierres, más trabajadores en la calle. Esa es la libertad a la que nos está llevando el gobierno actual.

Esto no es casual, es la consecuencia del modelo de país que propone “La Libertad Avanza”, que con el pretexto de la “libertad de elegir”, permite el ingreso indiscriminado de productos fabricados en detrimento del trabajo nacional.

Durante el primer semestre de 2026 ingresaron al país bienes de consumo por 5.362 millones de dólares. Mientras que, si comparamos los primeros cinco meses de este año con el mismo período de 2023, las importaciones de bienes intermedios cayeron 17,5% y las piezas y accesorios para bienes de capital se redujeron 21,5%: ingresan cada vez más productos terminados, pero menos insumos y componentes para producción interna. Importamos el trabajo realizado en otras partes del mundo y cerramos las fábricas que generan empleo en la Argentina.

Un país que deja de producir lo que consume, pierde soberanía, se vuelve cada vez más dependiente de otros países, de las grandes empresas internacionales y de los movimientos del dólar. Puede tener bandera, himno y autoridades propias, pero pierde progresivamente la capacidad de decidir su destino económico.

Llama la atención que fue Milei quien reconoció en su discurso que para defender sus intereses, las potencias utilizan herramientas cada vez más sofisticadas. Ellas defienden sus empresas, sus recursos, su producción y su influencia política. A contramano de ello el Gobierno argentino parece más interesado en defender los intereses de esas potencias que los de su propio pueblo.

Esta subordinación la vemos en el lanzamiento del Future Leaders Programme Argentina, un programa avalado por la Embajada Británica, con el sustento del Programa Chevening, una de estas herramientas de gran influencia internacional del Gobierno del Reino Unido, destinada a formar jóvenes dirigentes.

Es paradigmático que una de las fundadoras de la organización que esta vinculada con la iniciativa es Paola Di Chiaro, la actual secretaria de Malvinas. Con esto el foco no es la posibilidad del acceso a la capacitación de los jóvenes, sino que sea justamente el Estado que ocupa ilegalmente nuestras Malvinas, quien forme aquellos cuadros que el día de mañana podría ocupar lugares de gobierno en el Estado Argentino.

Sin olvidar la admiración de Milei por Margaret Thatcher y su alineamiento prácticamente incondicional con Estados Unidos, que no ayudo siquiera para que Washington acompañara el reclamo argentino: hace apenas unos días, Peter Lamelas ratificó que Estados Unidos va a mantener su posición de “neutralidad” frente a la disputa de Malvinas.

Entonces ¿de qué libertad habla el presidente? Porque mientras las potencias defienden sus intereses económicos, políticos y territoriales, el Gobierno argentino abre nuestro mercado, debilita nuestra industria y acepta que sus principales aliados desconozcan nuestros derechos sobre las Islas Malvinas.

San Martín no cruzó Los Andes para liberar los mercados, sino a los pueblos. Homenajearlo es defender el trabajo argentino, nuestra industria, recursos, no dejar de reclamar por Malvinas… No podemos hablar de libertad cuando las familias no pueden comprar un juguete, se pierden empleos, y nuestro futuro lo definen en Washington o en Londres.

Sin soberanía, no somos libres, somos dependientes.