EL COMBUSTIBLE Y LOS DINOSAURIOS (A propósito de la “solicitada” de Juntos)
Por Fabián Florella
Allá por 1983 celebrábamos ruidosamente la lúcida metáfora de Charly y soñábamos que, definitivamente, los dinosaurios iban a desaparecer. Era el sueño de todos. Del pueblo peronista y del radical; de los intransigentes y de la izquierda; el de los ingenuos e incluso también el de los escépticos que -seguramente a su pesar y arrastrados por la primavera democrática- creyeron que aquella categoría paleontológica se iba a desterrar para siempre de la Historia Argentina.
Permanece inalterable en imaginario popular que la suerte del peronismo en las elecciones presidenciales que marcarían el inicio de la esta nueva era quedó echada cuando uno de sus candidatos, frente a un ataúd de fantasía (con la leyenda de su oponente político), osó prenderlo fuego.
Casi 40 años después de aquellas horas felices de recuperación de la democracia los dinosaurios, lejos de desaparecer y dolorosamente vivos, son la materia prima del combustible con el que se puede incendiar el orden institucional.
Lo que penosa e impúdicamente la oposición de Juntos -sin ruborizarse- publica como una solicitada es, lisa y llanamente, violencia política (para peor orgánica, institucional); antecedente emocional insoslayable en el consciente colectivo estimulado infinitamente por el poder mediático, del atentado a la vida de la Sra. Vicepresidenta de la Nación.
Un panfleto burdo, escandaloso, infame. Impropio de una fuerza que puede sin dudas jactarse de haber contado siempre entre sus filas con intelectuales capaces de debatir filosamente, con espíritu crítico y delicada pluma, ideas y proyectos.
Una diatriba con un fallido igual de burdo (e imperdonable) que pone en blanco sobre negro su despreocupación por la verdad, por el rigor de los textos y por el esclarecimiento de los hechos trascendentales de la vida y la lucha política argentina. El incendiario líbelo, con letras mayúsculas de gran tamaño, refiere equivocadamente a Jorge (Julio) López; símbolo de la memoria, la verdad y la justicia que testimonió valientemente frente a un Tribunal (y a su verdugo) respecto de los padecimientos a los que él y otras víctimas de los delitos de lesa humanidad fueron sometidos por la dictadura cívico militar de la que emergió la Argentina a finales de aquel 1983, y a la postre le costó su desaparición.
El vergonzante y gigantesco fallo pone en evidencia el débil compromiso de la coalición firmante para con las políticas de juicio y castigo a los culpables de los años más dolorosos para nuestro pueblo.
Y decimos error pensando que en la publicación han querido referirse al condenado José Francisco López y de ningún modo han pretendido mancillar la memoria de aquella víctima, aún desaparecido, pues, si así fuera, la irredimible ofensa tendría como objetivo no solo a un puñado de dirigentes, sino todos y cada uno de los argentinos que hemos dicho Nunca Más.
Duele entonces no solo la escalada de la violencia verbal publicada que ataca a valiosos dirigentes mercedinos que trabajan incansablemente por una ciudad mejor y cuyo resultado está a la vista de todos, sino que la cobarde agresión no se encuentre siquiera acompañada de alguna crítica a la gestión, alguna propuesta, una idea para debatir.
No hay denuncia ni señalamiento. Solo la rastrera estrategia de mencionar a un condenado por corrupción (nunca sabremos quien le pagó para corromperse, aunque en el origen de muchos de sus billetes pueda adivinarse el color amarillo) junto al nombre de la más importante lideresa popular de la Argentina y de tres de los más reconocidos dirigentes de la ciudad.
Cualquiera que conozca la integridad, la convicción, el compromiso y la lucha de Wado, Gerónimo y Juani sabrán que no son lo mismo que el nefasto personaje de frecuente y amigable trato con el “amigo del alma” de Macri. Aquellos que no los conocen los podrán juzgar por su gestión, por su trabajo a favor de nuestra ciudad y por la transparencia de sus actos.
Sin embargo no podemos dudar que quienes pergeñaron la vergonzosa publicación tampoco son lo mismo que Alem, Irigoyen y Alfonsín o, aquí más cerca, que Pedro Martín Aguirre o Pancho Torres, por nombrar solo alguno de los valiosos dirigentes del radicalismo mercedino hoy emparentado con ideas impropias de aquel Movimiento de Renovación y Cambio que, con hidalguía y nobleza, pusieron su solidaridad y sus ideas en la búsqueda de una Mercedes mejor.
