Ardillas en Mercedes: cómo llegaron y qué hacer con ellas
“La provincia de Buenos Aires es un claro ejemplo de cómo el hombre está modificando la naturaleza”, consideró un experto. Los “neoecosistemas” plantean cada vez más interrogantes.
“La naturaleza nos une. Es lindo empezar a conocer a los animales para quererlos, porque si uno los quiere, los cuida. Y eso es lo que buscamos”, dijo Juan Cruz Mendía, docente y exdirector de Ambiente municipal, en diálogo con Lucía Florella por Radio Meridiano.
“Lamentablemente, con todo esto de la tecnología y el hombre superpoderoso nos hemos distanciado de la naturaleza, sin darnos cuenta que nosotros mismos somos animales, con inteligencia y el pulgar oponible, sí, pero nada más que eso. Si entendemos que somos parte de la naturaleza podremos empezar a valorar lo que tenemos a nuestro alrededor”, opinó.
Mendía diferenció a los animales silvestres como el lagarto overo y la ardilla, presentes en nuestro medio, de los animales domésticos. “El animal silvestre necesita de la naturaleza, no puede vivir encerrado. El lagarto overo está desde siempre en esta zona, en toda Sudamérica en verdad, desde antes que llegaran los europeos. La ardilla, en cambio, es un animal exótico que trajeron descendientes europeos ya más en la modernidad”, detalló.
Al no tener depredadores naturales, la ardilla vientre rojo, que es la que se puede ver acá, se ha expandido en nuestra zona. Llegó un primer casal a una estancia de Jáuregui hacia 1980, y a partir de ahí la especie fue avanzando. Hoy llegó ya al Delta del Paraná y se expande a ritmo muy acelerado hacia el norte.
“Lamentablemente, se va generando un desequilibrio en el ecosistema nativo que no sabemos adónde puede ir a parar. La naturaleza siempre se acomoda pero sus tiempos no son los del humano. Hoy no se sabe qué va a pasar con la ardilla, hasta dónde va a llegar y cuándo puede empezar a declinar la población. Pasó lo mismo con la liebre, que hoy se ve en todos lados y es un animal que trajeron de Europa”.
EL CASTOR
En Tierra del Fuego, por ejemplo, donde hace años se ingresaron castores, que no son propios de la zona, hoy está permitido cazarlos. “Trajeron castores del hemisferio norte por las pieles y se empezaron a reproducir ganando los bosques. Causan perjuicios porque los castores hacen diques que provocan inundaciones, de manera que alteran el ecosistema. Y la solución que encuentra ahora el hombre es matarlos. ¿Qué van a solucionar con eso? Nada. El castor se va a ir arriba de los 2.000 metros y ahí no lo agarra nadie. La clave es la prevención. Es el hombre el que trajo el castor a Tierra del Fuego y la ardilla a Jáuregui. Si lo hubiese evitado…”.
En el terreno vegetal, dijo Mendía, pasa lo mismo con el acacio negro, que es una planta oriunda de Asia que fue traída hace unos treinta años por sus propiedades de forraje. Hoy se encuentra esparcida por toda la pampa.
Estos “neoecosistemas”, como los llama, se replican también en Europa y otras regiones. En Estados Unidos, por ejemplo, las hormigas argentinas son una plaga. “La manipulación que hace el hombre de la naturaleza tiene sus consecuencias”. Por el avance de especies como la liebre, la mara autóctona se ha ido retirando hacia el sur de nuestro país y hoy está en peligro de extensión.
Mendía se mostró en contra de cualquier tipo de caza, incluso la llamada “deportiva”. “El deporte se juega con otros, pero la liebre no está jugando a nada. ¿Qué culpa tiene de que la hayan traído?” El tráfico de animales (vivo o muertos) es el cuarto negocio ilegal a nivel mundial, detrás de las drogas y las armas, comentó.
“¿Qué derecho tengo yo a matar a un animal porque no sé qué hacer con él? Tampoco tengo derecho a encerrarlo, o a tomarlo de mascota siendo un animal silvestre. Esas cosas de contacto directo con la naturaleza se enseñan de chico. Mercedes tiene hoy una naturaleza que está invisibilizada. La gente se va a la montaña, a la playa, al río, pero no valora lo que tiene cerca”.
EN EL CAMPO Y LA CIUDAD
Respecto de las ardillas, el especialista amplió que, “en Mercedes, hoy están en todos lados, en el campo y en la ciudad. Son animales asombrosamente adaptables, saltan de un árbol a otro como si volaran, van por los cables cabeza abajo. No los agarra nadie, ni los gatos”.
En cuanto a su alimentación dijo que “son animales omnívoros, oportunistas, comen de todo, aunque prefieren las semillas y las frutas. Llegan a atacar los nidos con pichones si tienen mucha hambre”. La recomendación es “no mascotizarlas y no tocarlas porque pueden llegar a trasmitir enfermedades, aunque eso no está científicamente comprobado”.
