El estilo de vida es fundamental para prevenir el cáncer de mama

Más allá del factor genético, “que naturalmente es muy importante”, lo que comemos, la actividad que desarrollamos y el entorno en que nos movemos pueden ser decisivos en el desarrollo de la enfermedad.

 

 

Milena Lisio, ginecóloga y obstetra, contó que apenas el 5 por ciento de los casos de cáncer de mama responden estrictamente a la carga hereditaria. La enfermedad se produce por un envejecimiento de las células, razón por la cual solía detectarse sobre todo en mujeres adultas, “aunque ahora, al hacerse cada vez más estudios a edad temprana, se van encontrando casos en personas más jóvenes”, confió la profesional.

Por todo esto, Lisio llamó a ordenar el régimen alimenticio, controlar el peso, disminuir el consumo de carnes rojas (asociado -en forma excesiva- al cáncer de colon y de mama), hacer actividad física y no fumar. “Hoy el mundo tiende a asociar la prevención de esta enfermedad con el estilo de vida”, remarcó.

A todo esto, la ginecóloga le sumó aspectos como el consumo de alimentos ultraprocesados, que también debería limitarse. No halla, en cambio, vinculación directa con el uso de agroquímicos, que dijo que se asocian más a la aparición de leucemia y linfomas.

El cáncer de mama se desarrolla, en algunos casos (los menos), a partir de una mutación genética hereditaria. Pero los hay también a partir de una mutación genética adquirida en el transcurso de la vida. “Nuestro cuerpo produce cánceres todo el tiempo pero el sistema inmune los detecta y neutraliza. Sin embargo, cuando ese sistema de corrección no funciona bien empiezan a alterarse las células y crecen de más”. Esa mutación depende mucho del entorno, de lo que ingerimos y de los productos que usamos, mencionó la médica.

La prevención que mejor funciona, dijo, es la consulta médica para evaluar los antecedentes. Se recomienda la visita al ginecólogo a partir de la llegada de la menstruación, aunque a esa edad no se controlen todavía las mamás. Ya más adelante, los controles por imágenes son los más eficientes para hallar lesiones y poder curarlas. Estos se recomienda a partir de los 40 años.

Lisio dijo que, aunque la palpación es muy útil, “se llega un poco tarde. La mamografía es mucho más efectiva”. De cualquier modo, a partir de los 30 años se puede palpar el pecho desnudo, frente a un espejo, incluyendo la zona de la axila. Recomendó no hacerlo durante la menstruación, cuando la mama se pone más dura. Aclaró asimismo que las mamas son asimétricas, y que siempre pueden aparecer durezas de distinto tipo, pero ante la detección de algún nódulo o cambio de color en la piel se debe consultar a un profesional.