“Fue un momento de locura”, dice el mercedino que entró a la cancha para abrazar a Riquelme

En la despedida del ídolo de Boca puso una nota de color al burlar la seguridad y recibir el saludo afectuoso del homenajeado.

 

 

Lorenzo Cores dice que todavía no cae. “Ayer no pude dormir, no pensé cómo podía llegar a repercutir. Vi la oportunidad, se me puso todo en blanco y empecé a correr. Incluso en un momento no lo veía a Román hasta que lo ubiqué”, relata.

Cores también es jugador de fútbol. Revista en la cuarta división de Defensores de Belgrano. Tiene 19 años y era jugador del Club Mercedes hasta que hace dos años se mudó a Buenos Aires para poder seguir la carrera de Administración de Empresas en la UADE. Todos los días a las 7.30 hs entrena en Ciudad Universitaria, y el resto del día lo decida al estudio.

Pero su gran pasión es seguir a Boca. “Voy a todos los partidos y viajo para verlo cuando juegan en algún otro lado. Siempre voy a la Bombonera con dos amigos, mayormente a la platea media o alta”, explica. Pero esta vez, por la alta demanda de entradas, tuvo que comprar otro un ticket en platea baja, “donde yo no está el acrílico” que antes separaba al público del campo de juego.

“Messi ya no estaba en cancha y la seguridad se relajó”, prosigue el relato. “Nunca había pensado en entrar, y de hecho estoy arrepentido, pero vi la oportunidad y me mandé. Algunos me dicen que estoy loco por no haber elegido a Lio, pero yo quería abrazar a Román. Es algo que no me voy a olvidar nunca más, que voy a guardar para siempre en mi memoria”.

Después de intercambiar unas palabras con su ídolo, la seguridad lo abordó y se lo llevó. Riquelme “les pidió que no me pasara nada. Me entraron al túnel, pasamos por el vestuario y me llevaron a una gerencia, donde me tomaron los datos para asentar una denuncia”.

¿Qué va a pasar ahora? Cores no lo sabe. Guarda la esperanza de que no lo sancionen porque no se trataba de un partido oficial. Sueña con que sólo lo reprendan, con que le labren una advertencia. La felicidad de abrazar al jugador que lo inspira cada mañana, el día de su despedida y en el corazón de la Bombonera, de todos modos, no se la saca nadie.