Lo dijo Jorgelina Silva, secretaria de Desarrollo de la Comunidad, al tiempo que explicó que desde el Municipio no dan abasto para atender las necesidades de todas las familias afectadas por el virulento fenómeno.
“Lo que sucedió tiene características incalculables, todavía no podemos dimensionar todo lo que pasó. Algo así no sucedió nunca; lo más parecido fue la inundación de 2015, aunque lo de ahora tiene otras características porque tenemos casos que atender en toda la zona, muy diseminados”, explicó la funcionaria en declaraciones a Radio Meridiano.
“Lo más grave han sido las voladuras de techos, porque la persona a la que le ocurrió pierde todo lo que tenía debajo. Hemos trabajado en algunas asistencias, pero no nos alcanza para poder asistir a todo el mundo, esa es la realidad. Tuvimos un aporte importante de la Provincia y estamos esperando que Nación nos dé algo”, comentó en la tarde-noche del lunes. “Nunca nos pasó que el Estado nacional no nos asistiera de inmediato. En Nación quedaron en mandarnos algo pero ya nos dijeron que chapas y tirantes no tenían. Es difícil para un municipio trabajar solo”.
En cuanto a las donaciones, hasta ese momento habían sido pocas. La Municipalidad compró ciertas provisiones que se distribuyeron de inmediato, pero no sé conseguían velas ni agua en los comercios de la zona. Entretanto, se siguen recibiendo ropa, lavandina, velas, colchones y frazadas, agua y bidones vacíos y limpios en el ex Instituto Unzué, en el CIC (10 y 65) y en la sociedad de fomento de Gowland-Agote, que es, quizás, la zona más afectada.
Para este martes, Silva anticipó que llegarían con ayuda a los casos más graves relevados, aunque pidió paciencia a la población “porque no vamos a poder asistir a todos. Al menos hasta el viernes vamos a estar trabajando en cada caso”.
En medio del drama de muchas familias denunció, asimismo, que se agravó la falta de chapas, que algunos proveedores no quieren vender especulando con el precio. “Hoy una chapa de tres metros cuesta 80 mil pesos”, advirtió. En otro orden, celebró que no se registraron personas heridas y sólo una familia permanecía evacuada en el ex Martín Rodríguez.

Consultada sobre si hubo cierta imprevisión por parte del SMN, la funcionaria no lo consideró así ya que el organismo “había lanzado un alerta naranja por vientos de hasta 100 kilómetros por hora; la venía emitiendo desde hace tres días e incluso la subió de categoría, de amarillo a naranja, en el momento que debió hacerlo, y nosotros lo comunicamos internamente y a través de nuestras redes en tiempo y forma, casi 12 horas antes de la ocurrencia del evento”.
Los daños, insistió el intendente, “han sido muchos, en toda la ciudad, pero contamos con el apoyo de muchos vecinos que se pusieron al frente para solucionar los problemas en sus barrios, al igual que los trabajadores municipales. La situación ha sido dramática, de mucho nivel de estrés y mucho dolor en nuestra gente”, admitió.
“Que mucha gente haga perdido muchos bienes en un contexto económico tan difícil complica aún más la situación”, lamentó. Un comité de crisis viene funcionando en el ex Instituto Unzué (Av.47 y 26), donde se reciben donaciones para los damnificados: agua, ropa, velas, cloro o lavandina, colchones, frazadas, bidones vacíos y limpios.




Postes con peligro de caída en la calle 24.
El Observatorio “analiza las problemáticas educativas en los distintos barrios, identifica qué nivel de formación tienen los vecinos y sugiere cuáles son las carreras que más podrían servir en la zona”, dijo el rector. En ese sentido aclaró que, “si bien nosotros somos una institución de nivel superior, también trabajamos con programas y cursos para el nivel medio y en planes de alfabetización. Una universidad no está sólo para enseñar carreras universitarias sino que ofrece también extensión. De ese modo se vincula con la región en todos los niveles de enseñanza, así como con las pymes y las ONG”, agregó.