“Vivimos una de las peores crisis de la industria del calzado”
Guillermo Aguilar, propietario de la firma Calzados Roller, con más de un cuarto de siglo de trayectoria en el rubro, equiparó la situación actual con la del año 2001.
Aquel año, recordó el empresario, la Argentina llegó a producir apenas 36 millones de pares de calzado, “un número dramático”, que luego fue creciendo hasta alcanzar los 125 millones de pares en 2014 y 2015. “Hoy estamos en el mismo nivel de 2001, o incluso menos”, se lamentó al tratar de dimensionar la crisis del sector.
Con todo, Aguilar reconoció que esta caída no es de ahora sino que ya en 2016 se empezó a dar “una baja muy drástica” del nivel de producción con números del orden de los 115 millones de pares anuales, a causa de las importaciones. De cualquier modo, había en aquel momento algunas medidas que el empresario prefirió no llamar “proteccionismo industrial” porque considera que se trató de “equilibrar un poco la cancha y otorgar las herramientas necesarias para que los productores locales también pudieran ser competitivos”.
“Tanto se habla de por qué las industrias no se capacitaron o tecnificaron para estar hoy en una situación mejor. Y eso no tiene nada que ver. Lo que nosotros hacemos es trasladar costos a los precios y hoy, por ejemplo, está habiendo aumentos en la energía. Entonces nos resulta imposible hacer un calzado realmente competitivo”, remarcó.
EL CASO BRASIL
Según Aguilar, en Brasil un empleado del calzado gana unos 1.621 reales mensuales, menos de 295 dólares. “Imagínense si acá ustedes tuvieran un empleado y le dicen que es eso lo que va a ganar. Nuestros salarios están en el orden de los 1.000 dólares el más bajo. De ahí para arriba. Si un empleado en Brasil gana, digamos, 300 dólares, y acá el minino está en 1.000 dólares, automáticamente estamos en desventaja. Y si a eso le sumamos el costo de los servicios y las impuestos, es imposible que la Argentina pueda competir”.
¿La gente prioriza precio a calidad a la hora de comprar?, le preguntaron. Y el fabricante respondió: “La gente compra lo que puede, esa es la triste realidad. Acaba de terminar una exposición muy importante del sector que se hizo en Córdoba, y el panorama fue de terror. El comerciante tiene muchísimo miedo porque hoy no vende ni siquiera lo barato. Por eso cierran tantos comercios. En la zona de la calle Avellaneda, en Capital, están pidiendo 100.000 dólares de llave para renovar el alquiler de un local. De ahí que haya tantos locales vacíos. Si el comerciante cierra es porque no hay consumo, y si no hay consumo es porque no hay poder adquisitivo, porque el salario no alcanza y se usa sólo para comer”.
Aguilar calculó que “las empresas que no cierran están trabajando al 30 o 40 por ciento de su capacidad instalada. El empresario está hoy sentado en su oficina viendo cómo se pierde un negocio que quizás es de tradición familiar. O lo peor es que a nadie le importa”.
“Imagínese si en el mejor momento yo hubiese invertido en agrandar mi planta o tomar más personal. Así nadie va a querer invertir en la Argentina. Debe haber políticas industriales a largo plazo”, reclamó. “No sé puede pensar sólo en la macroeconomía cuando abajo la gente se te está muriendo la gente de hambre. La gente está desesperada, muy endeudada. Hoy se prioriza comer y pagar servicios”.
