EL MARISCAL

​

Por Fabián Florella

 

La elección de los candidatos de lo que fue por unas horas la lista de unidad de Unión por la Patria dejó descontento y desazón en el pueblo y también, sobre todo, en nuestra ciudad; aunque la noticia dio lugar -una vez más- para las incalificables mofas de los predicadores del odio hacia el precandidato que no fue, materializados en memes y otros formatos del mundo “troll”.

​Finalmente hubo quienes, además de la frustración propia, sumaron a su sentimiento el dolor y la tristeza que, descartaban, podía embargar al fallido candidato.

​Mas no hace falta ser confidente ni revistar en su círculo íntimo para poder afirmar que no hay dolor alguno, como tampoco hay tristeza o frustración posibles para quien siempre antepuso los intereses colectivos por sobre los individuales. Proyecto, militancia y lucha están por encima de ambiciones personales y cargos públicos, por notorios e importantes que estos sean. Solo basta con escucharlo y, lo más importante, verlo en acción.

​El dirigente, el funcionario público, el hombre de leyes, nunca dejó de ser el militante que es, desde el primer momento en que abrazó la lucha sindical o de derechos humanos, y más adelante la política partidaria, el objetivo estuvo por encima de todo.  

​Estaré donde me necesiten, donde pueda serle útil almovimiento y a la Patria, suele decir. Y ahí está, con su sonrisa, otra vez trabajando y en contacto con el Pueblo. En los festejos por los 271 años de su/nuestra amada Mercedes, con las mismas ganas, con la misma fuerza y la misma convicción con la que ayer entraba a la Casa Rosada haciéndole un guiño a la historia como máximo exponente de  los hijos de la generación diezmada, aquellos que el genocidio de la dictadura cívico militar quiso cegar, pretendiendo que sus ideales y sus sueños se acababan con el fin de sus generosas vidas.

​Los que creemos fervientemente en la política como vehículo de transformación de la sociedad y de la Patria hacia horizontes más justos, soberanos, inclusivos, y en libertad, usamos el neologismo “cuadrazo” para condecorar a los mejores. Quien realmente ama el ejercicio de la política no debe sentir orgullo más grande que el que se siente cuando a su nombre le cuelgan el adjetivo de “cuadrazo”. Y, además de un gran dirigente, Wado es un cuadrazo, el mejor de todos.

​No dudó en empuñar el bastón de mariscal que reclamaba Cristina a la militancia. Wado se cargó al hombro el orgullo y los valores del kirchnerismo para disponerse a defender no solo proyectos y conquistas propias, sino la gestión de gobierno, que no le era tan propia y mucho menos tan propicia.

​Su renunciamiento es el broche de oro de su coherencia militante. Un renunciamiento sin egos y sin rencores. Su generosidad, su preparación, sus horas de trabajo, su honestidad y su resiliencia no han sido ni serán en vano.

​Hay futuro.

​Y hay futuro porque hay (o habrá, no lo dudo) wadismo.

​Hay en Wado un líder y una bandera. Se lo ganó con su coraje, con su militancia impar y con su trabajo. Hay mucho por hacer y el Mariscal que se galardonó en el campo de batalla está listo para dar la pelea definitiva.

​Ya vendrá ese tiempo y seremos muchos los que estaremos junto a él.

​Porque siempre valdrá la pena acompañar a quienes se empecinan en torcer la historia y enfrentarse a la impudicia y la soberbia del poder. Y porque siempre será un orgullo estar de ese lado de la vida.