A mediados de los años ’50, Soderos Unidos Mercedinos (SUM) llegó a concentrar el 85 por ciento de la demanda de la bebida gasificada en la ciudad.
Ruben Buscaglia, fundador de Soderos Unidos Mercedinos, recordó que aquella asociación nació en 1957 “gracias a la mano de Dios. Un día estaba con mi padre barriendo la vereda; yo, hijo único, era muy compañero de él. Papá me comentaba que no se sentía bien, lo cual era cierto porque por un problema de próstata ya le habían prescripto no realizar trabajos pesados. En esa época, los cajones de soda contenían doce sifones de vidrio con cabeza de plomo, lo cual daba un total de 35 a 40 kilos”, contó.
Estaba cantado: el hombre tendría que dejar esa actividad. “Lo cierto es que en ese momento se detiene un auto en el que se trasladaban Enrique Emiliozzi y Obdulio Laplaca. Querían saludarlo. Empezaron a hablar de soda y de precios, porque ya entonces había algo de inflación. Entonces yo tiro la idea de crear una gran fábrica de soda para que los más grandes pasen a cuarteles de invierno y sigamos los jóvenes. La idea prendió y terminamos siendo dieciséis los socios. Cada reunión era la Torre de Babel”, bromeó.
Buscaglia viajó un día a Moreno para visitar una fábrica modelo de soda que se estaba instalando, y gracias a su gran memoria fotográfica y a su habilidad como dibujante de planos, a su regreso bosquejó todo lo hecho en esa planta e incluso lo que estaba proyectado. Compartió los detalles con el grupo, la idea prosperó, se conectaron con un gran mecánico de esa época “y la fábrica salió andando”.
Para eso encargaron una máquina saturadora (la que mezcla el anhídrido carbónico con el agua), de la que recibieron más tarde uno de los primeros modelos del país. Mientras tanto, trabajaban con dos maquinarias prestadas y cuatro llenadoras de envases. “La distribución de la soda se compartía con el reparto de lavandina y de los primeros detergentes”, mencionó Buscaglia. El negocio funcionó de maravillas a lo largo de quince años.
Después, “los socios se fueron yendo, unos fuimos comprando las partes de otros y finalmente quedamos tres: Emiliozzi, Laplaca y yo, los mismos que habíamos tenidos la idea inicial”. Para entonces su padre atendía el negocio de DUMER (Distribuidores Unidos de Mercedes), que desde su sede en la calle 10 comercializaba las cervezas Quilmes, Biecker, Palermo, la naranja Crush y más.
En cuanto a la soda, una compañía de Lujan sacudió el mercado local al empezar a promover el producto puerta a puerta, algo que SUM no hacía. “Quizás fue un error nuestro esperar todo del cliente sin ir a buscarlo a la casa”, reconoció el empresario. Cuando el negocio empalideció, Buscaglia volvió “a los fierros, que era lo mío, aunque con la gran satisfacción de haber sido también el montador de SUCH (Soderos Unidos de Chivilcoy), SUPER (Soderos Unidos de Pergamino) y una planta más en Luján”.
“Y gracias a aquella quijotada logramos prolongarle la vida a mi padre durante casi veinte años, hasta llegar a la muerte plácida que se merecía por ser un hombre extraordinariamente bueno”, se emocionó el sodero en la despedida.