La actriz mercedina participó de una puesta de la célebre obra ‘Los miserables’ en el Paseo La Plaza. Conversó con Radio Meridiano.
Dirigida por Claudia Lavalle, responsable de la escuela AMA de teatro musical, y con dirección vocal de Marcelo de Paula, la producción reunió a sesenta artistas sobre el escenario de la Sala Pablo Neruda del céntrico complejo cultural y gastronómico. Entre ellos, nuestra convecina, que este año participó también en la obra ‘El lápiz no se borra’, que recuerda la trágica Noche de los Lápices.
“Fue un trabajo arduo el de ‘Los miserables’, de unos seis meses de ensayos. La historia que se narra es compleja, larga en el sentido de que pasa por muchos períodos de tiempo, y muy anclada en la época de la Revolución Francesa”, describió.
En la ficción creada por Victor Hugo Lara encarnó a Eponine, “un personaje que representa a la sociedad marginal de aquel momento, la que vivía en la calle y buscaba el pan de cada día. Es parte de la gente que lucha por conseguir un cambio en la sociedad”, describió. Fueron dos funciones las que se realizaron de la obra en el Paseo La Plaza.
A diferencia de otras propuestas de las que participó anteriormente, esta vez el baile no fue una dificultad para la artista dado que ‘Los miserables’ se basa más en el canto y la interpretación. “Uno canta lo que quiere decir, pero no debe haber un salto entre la palabra y el canto, debe haber una continuidad que se abrace a la melodía”, comentó.
Mencionó además como algo vital en la actuación la etapa de construcción del personaje, “saber quién es uno, adónde quiere llegar, qué es lo que quiere decir. Eso es parte fundamental del proceso de entrenamiento”.
Sobre la dificultad de ir encarnando personajes muy distintos, Lara señaló que “cada uno te va aportando experiencia y una va tomando algo de cada proceso de aprendizaje para crecer como artista. También se aprende mucho de los compañeros, viendo cómo ellos viven sus propios procesos de formación del personaje”.
Con esta representación de Eponine, Lara culmina su paso de tres años por la academia Artistas del Musical Argentino (AMA), que funciona a apenas unos metros del histórico teatro Maipo. Este sábado estará presentando en el teatro Regina una doble tesis de graduación grupal para, seguramente, cerrar la carrera y abrirse a nuevos rumbos. Para esta instancia trabajó junto a sus compañeros en ‘La 77’, una obra breve creada especialmente para ellos por su profesor Diego Sebastián Oria, y en otra pieza de autoría propia (‘Agape’).
Ya anteriormente la artista debió presentar una tesis individual y se inclinó por la obra ‘El color púrpura’, “también sobre un personaje marginal, una mujer de raza negra y de clase baja que busca encontrar su propia voz en una sociedad que no la deja ser”.
Sobre ‘El lápiz no se borra’ adelantó que está confirmada una temporada 2026 de la obra escrita y dirigida por Santino Santos Blaya, mientras espera que surjan nuevos proyectos que la lleven a involucrarse en nuevas historias.


Considera que Mercedes es una ciudad amigable para las personas en su situación. “Sinceramente, estoy agradecido, contento de haber conocido gente mayor que entiende los valores, que defiende el valor de la palabra”. Se define como un ser solitario, “que no busca juntas ni nada. Donde veo algo raro ya me voy de ese lugar”.
Su día transcurre entre el sosiego de vivir entre plantas y árboles, y las changuitas que le van surgiendo. “Hago algunas cosas de electricidad; también sé de construcción. Podría hacer una casa desde cero incluso. Sé hacer los planos, todo. Desde los nueve años trabajé en la construcción con mi padre. Con eso me defendí siempre”.
La vecina insistió en decir que “todo esto lo perjudica” al jefe comunal, “cuando los empleados no hacen lo que deben, porque ni siquiera dan aviso de estas cosas. También Atención Ciudadana debería escucharnos y darnos soluciones”.
En el volquete colapsado, dijo, “nosotros vamos y levantamos lo caído y, sin embargo, cada vez hay más cajas. No son del barrio los que tiran. Paran camionetas y bajan, bajan y bajan cosas. No sé de dónde vienen. Es feo”.





La madre de Teresa, Marta, les acercó a los organizadores del homenaje una foto muy pequeña que se convirtió en un imponente cuadro: allí se lo ve a Ratti posando orgulloso con la camiseta. La foto es en blanco y negro, y el club le coloreó sólo la prenda. Se la exhibe en una vitrina, con la casaca original, medallas de 1911 y 1913, y otros recuerdos.
¿Cómo fue que vino a radicarse a Mercedes? Según la madre de Teresa, Ratti y su amigo Julio Ojea se conocieron en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata mientas estudiaban. Empezaron a frecuentar la casa de la familia Quintana, donde vivía Sara, que terminó convirtiéndose en esposa de Héctor. A la vez, Gea formó pareja con la hermana de Sara, llamada Angélica. Julio Gea era mercedino, y fue quien le propuso a Ratti venir a vivir a nuestra ciudad, atraídos ambos por el polo judicial en ciernes, el segundo en importancia de la Provincia en aquel entonces. Ratti ejerció la profesión de abogado en Mercedes y llegó a ser juez de cámara.
Julito Tabossi, bisnieto del futbolista, se puso al frente de la investigación más formal sobre la vida de Héctor Ratti. Formado en Ciencias de la Comunicación en la UBA, continuó sus estudios en periodismo deportivo y elaboró su tesis sobre la base de la historia de Ratti. Fue Tabossi quien conectó a la familia con Juan Sebastián Verón, cuya bisabuela también era de apellido Ratti (María Livia, hermana de Héctor), posibilitando que el actual presidente de Estudiantes obtenga la nacionalidad italiana.