Un 3 de noviembre de 1965, el avión en el que viajaba el cadete de la Fuerza Aérea Argentina Roberto Vitetta, era reportado como desaparecido. Hoy, 56 años después, la tecnología y la unión de voluntades, podrían dar alguna respuesta satisfactoria a los familiares.
José y Roberto Vitetta, son hermanos, ambos mercedinos. José, hace 56 años busca a Roberto y hoy habla desde un lugar donde “algunas cosas son aceptadas” pero sin dejar de seguir cada paso que se da en el intento de saber qué sucedió con ese avión TC-48 que había partido desde Mendoza y que cayó cuando realizaba un vuelo entre Panamá y El Salvador.
Hoy missing.aero, una organización sin fines de lucro, ofrece una esperanza a las 59 familias de esos cadetes. La ONG liderada por el sueco-argentino Anibal Jaime, que se especializa desde 2017 en la búsqueda de aviones perdidos utilizando tecnología radar de punta, logró detectar 7 anomalías en la zona de la cordillera de Talamanca en Costa Rica. Con este dato, el aporte de los familiares y con José Campos a la cabeza desde Costa Rica, ingresó la región acompañado por un equipo de 5 integrantes más. Campos es experto en el tema y cuenta con 25 búsquedas realizadas; trabajó en conjunto con el equipo de Jaime monitoreando desde Suiza cada paso. Sin embargo, la lluvia impidió terminar con la expedición. Cayeron entre 80mm y 100 mm por día. Ahora esperan poder volver en septiembre, cuando sea época seca.
El trabajo de la ONG es fundamental ya que durante todos estos años, según indican los familiares, tanto la Fuerza Aérea como el gobierno nacional, no aportaron datos consistentes. Dieron por cerrado el caso tras el hallazgo de algunos elementos. Sólo durante el gobierno de Néstor Kirchner dos especialistas de la FFAA investigaron en el lugar. También, sin éxito. Hoy, muchos familiares encuentran puntos inconexos en las explicaciones por lo que de manera independiente aportan a organizaciones como Missing Aereo para intentar tener una respuesta y hacer un duelo en paz.
Roberto, que participó de una de las primeras expediciones, antes de la llegada del equipo de Jaime relata: “la zona existe, porque tuve la suerte de estar ahí pero no se compara con nada de lo que vemos. No se ve a dos metros de distancia. Es una zona selvática y montañosa, hay que estar con lluvia y frío a 2000 metros de altura. La zona donde estuvimos nosotros ya debe estar toda tapada”.
Vitetta, ingeniero y algo entendido en el tema, comenta: “Hoy el trabajo de Jaime con sus alumnos, es notable. Comparan fotos satelitales, trabajan con mucha tecnología”. Sin embargo, la naturaleza hizo notar su propia fortaleza, y con la lluvia no permitió poder llegar a los 200 metros cuadrados indicados por los estudios. Los familiares estarán recolectando dinero para poder realizar una nueva expedición en septiembre.