Escuela de Educación Técnica o ex escuela industrial. La nombramos de una u otra manera según la edad que tengamos. La realidad es que la Escuela, inaugurada en 1924, hoy forma parte de dos proyectos vanguardistas: la preparación de un auto eléctrico y la reparación de una máquina de ladrillos sustentables.
Los proyectos fueron iniciados en 2019 y los retoman ahora, con el regreso a clases presenciales. Los alumnos y alumnas, participan de todos los procesos pudiendo combinar a la perfección práctica y teoría de dos proyectos que van en consonancia con las nuevas formas que el cambio climático nos pide incorporar: consumos responsables, con menor impacto ambiental y cumplir con las 4 R: Reducir, Reutilizar, Reciclar.
En la E.T.T n 1, bajo el ala de su directora Daniela Das Dores, los alumnos ya están pensando en el chasis de lo que será un auto eléctrico. El proyecto es parte del “Desafío ECO” organizado por YPF. Se realiza desde hace varios años y tiene su culminación con una competencia en el autódromo Oscar y Juan Gálvez de CABA. “El camino es dejar de usar recursos no renovables y empezar a pensar diferentes formas que estén al alcance de la comunidad de producir electricidad o reducir el consumo”, comenta Daniela.
Los alumnos trabajan en dos proyectos: un auto eléctrico y un máquina para fabricar ladrillos sustentables
Al mismo tiempo, alumnos y docentes, trabajan duro en realizar pruebas sobre una máquina de ladrillos que estaba rota y sin uso en el corralón municipal y que ahora intentan poner a punto para fabricar ladrillos sustentables a base de PET y aglutinantes. Los ladrillos serán para levantar paredes de 20 y aún están investigando la aislación que produciría y los diferentes tipos de resistencia. Dos puntos que los alumnos deben, además, aprender sí o sí ya que forman parte de la currícula. ¿Quién no quiere ir a la escuela y ver cómo todo eso que parecen datos extraños, al ponerse en marcha, puede darte un futuro?
Das Dores comenta: “Todos los alumnos que se egresaron en 2019 consiguieron trabajo en plena pandemia”. Un logro doble cuando, además de ser joven, casi sin experiencia, el alumno debe incorporarse como trabajador en una realidad económica y social compleja y difícil. La escuela tiene hoy tres modalidades de estudio: técnico en electromecánica, administración de las organizaciones y maestro mayor de obra. Todas con salida laboral: “los chicos pueden construir casas de hasta dos pisos y un subsuelo y si quieren cursar alguna carrera de ingeniería civil o arquitectura, salen muy preparados”, explica Daniela quien guía a alumnos y docentes.
“Una de las cosas que les podemos dejar como escuela técnica son ‘los procesos de cómo se hacen las cosas’, más allá del resultado final”
Pero sobretodo, hay algo que todas las materias tienen en común: riqueza intelectual y humana, construida a base de dedicación, tiempo, organización y claro, acompañamiento de la comunidad. Diferentes empresas especializadas en rubros distintos suelen participar activamente en la formación de los alumnos. Algunos les ofrecen formación técnica, otros conocimientos de nuevos materiales y otros, métodos para saber pararse frente al mundo ante nada y nada menos que una entrevista laboral: “la comunidad y las empresas nos ayudan un montón. Siempre tenemos propuestas de parte de la comunidad y nosotros estamos abiertos a todo porque todo suma para la formación del alumno”, cuenta Daniela. Y remata, en una especie de clase de filosofía existencial: “una de las cosas que les podemos dejar como escuela técnica son ‘los procesos de cómo se hacen las cosas’, más allá del resultado final”, algo que, puede llevar la vida entera entender. 